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Excerpt for Las Cosas Que Escribí Al Costado De La Ruta by , available in its entirety at Smashwords

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Con este cuerpo lleno de palabras,

de amor y mundo y sueño,

buscamos un pedazo de un espejo,

apenas una cruz de tiza que nos marque

un sitio en la llanura.


Pedro Mairal

Mi primera infancia fue así

Buenos Aires, Septiembre 2017

Todo empezó una mañana rosarina de junio del 1993. Aunque en realidad todo había empezado antes, pero eso es otra historia.

Nací. No recuerdo mucho de eso ni de los años siguientes. Tengo recuerdos esporádicos que ya no sé si son verdad o mentira, si los recuerdo o me los contaron. Ver una película de la Máscara. Asfixiar un pajarito. Agarrar palomas con la mano. Chocar con marcos de puertas. Tirarme de la cuna.

Sí tengo memorias nítidas desde que nos mudamos a Buenos Aires, cuando yo tenía 3 años. Fuimos a vivir a un departamento con balcón cerca de Av. Córdoba. Cada noche veía miles de lucecitas y hasta un pequeño globo aerostático de neón, o eso recuerdo, que se alzaba desde un negocio cercano. Veía Sailor Moon en mi cuarto con alfombra, comiendo pasas de uva. A la tarde dibujábamos casas con mamá y ella recortaba los paquetes de galletitas para sacarles la bandera argentina de Industria Argentina y se las ponía a la casa. Yo pegaba algodones para hacer las nubes. A la noche llegaba papá y me hacía caballito en su pierna. Cuando me iba a dormir, él me contaba un cuento de una ovejita que se ensuciaba en un arroyo de Pergamino, o mamá me cantaba una canción de un barquito hecho de cáscara de nuez. A veces me despertaba en el medio de la noche y quería escuchar la canción de nuevo, entonces me tiraba a propósito de la cama. Mamá venía asustada por el estruendo y me ponía una frazada porque yo quería seguir durmiendo en el piso.

Un día nació mi hermano. Yo tenía un pececito de peluche y había que ir a un lugar porque algo le pasaba a mamá pero estaba todo bien.




Cosas que se encuentran en otro lado

Buenos Aires, Noviembre 2017


Cada tanto leo una entrevista o la historia de vida de alguien y pienso qué hago yo escribiendo mi vida como si fuera a inspirar a alguien. Pienso que yo no tuve ni una cuarta parte de los obstáculos y dificultades que tuvieron personajes célebres. No es que necesariamente haya que sufrir para inspirar, pero hay cierta correlación. La verdad que cuando leo esas cosas por un segundo deseo haber pasado hambre o frío, haber tenido que vivir en la calle, ser drogadicta o ver morir a un familiar, algo así muy sufrido como para justificar el ínfimo dolor con el que transité mi vida hasta ahora. Ínfimo para quien vivió cosas peores que yo, que seguramente es la gran mayoría de la gente. Claro que mis penas y glorias las lloré y las festejé tanto como su intensidad mandaba.

En mi historia hay contados episodios catastróficos. Hay varios que pudieron haber terminado en desastre. Hay varios otros de inmensa felicidad. Y hay muchos en donde al parecer no pasa nada, pero si se juntan se puede ver un fondo de incertidumbre, miedo, soledad, melancolía, males que por bien venían como amores, sueños, logros, crecimiento. Cosas comunes a todos, pienso. Lo cual hace a mi historia, la historia de todos.



La imprenta

Buenos Aires, Noviembre 2017

Ya es la cuarta vez en lo que va del año que mi vieja me dice que tendría que escribir. Siempre me aborda en el auto, ella manejando y yo de acompañante. Hace una pausa y dice "vos... tendrías que escribir".

Ya sé, mamá, le contesto siempre.

Éste es mi enésimo intento de escribir algo que tenga sentimientos, un alma propia, no las plomadas que me salieron este año.

Será un reflejo de uno, la escritura. Si nada me posee a mí en este momento entonces qué cabe esperar de las palabras muertas de hambre que escribo. Porque ellas no quieren salir, lo sé. Es como presentarse para un trabajo de mierda. Quién quiere limpiar baños. Ninguna se va a entregar voluntariamente a eso a menos que quiera ser impresa alguna vez en su vida.

Se rifan impresiones ya, en este momento. Sea famoso por cinco segundos. Sea olvidado el resto del tiempo.

Mi vieja me dice que escriba y la verdad que escribir puedo pero que no me pida más.




La escritura

Buenos Aires, Noviembre 2017

Cada tanto, leyendo un libro o haciendo cualquier cosa me asalta una pregunta.

Me dice: "Pensaste de casualidad que quizás... escribís mal?"

Y sólo entonces lo pienso.


A veces una voz me habla. De repente suelta "Escribís mal".

Así, irrefutable. El miedo se hace realidad.

Entonces no hay lugar a dudas. Escribo mal.


Una vez alguien me dijo que lo que más miedo le daba era ser médica porque era lo que más le gustaba hacer en la vida y tenía miedo de ser mala en eso.

¿Se puede fracasar en la pasión?

Como las personas que quieren ser pilotos y son miopes, entonces no pueden.

Yo escribo mal.


Mi viejo siempre dice que es un músico frustrado porque cuando era chico un profesor sentenció que no tenía oído para la música.

Por eso se dedicó a escuchar mucho y hoy es un erudito de la música.

Cada vez que cuenta esa historia me pregunto qué hubiera pasado si igual lo hubiera intentado.

Quizás es mejor ser un mal músico que un no músico.


Qué bueno que escribo mal, pienso, así puedo dejar de dedicarme a esto. Tachar un checkbox de alguna lista de cosas que probar en la vida.

Pero no quiero dejar de escribir, aunque no me salga mucha alma en lo que escribo últimamente.

No quiero dejar de escribir porque prefiero escribir mal a no escribir.


"Pensaste de casualidad que quizás... escribís lindo?"




La salud 1

Buenos Aires, Abril 2017

Me bajé de la moto. Compañera, hasta acá llegás.

Toco timbre. No sé si suena. Toco de nuevo? Me hace ansiosa tocar el timbre por las dudas? No entré y ya estoy re loca.

Tenía los huesos. Necesitaba la canción.

- En qué te puedo ayudar - me preguntó.

- Nada, yo..., se me rompió. Algo. No sé bien qué. Lo arreglé lo mejor que pude pero sigue roto.

- Te lo traje - dejé todos los huesos desparramados por el piso.

- Miralo y decime... qué te parece.

Me fui con el pilón de huesos entre los brazos. Y yo les cantaba ya van a estar mejor, ya van a estar mejor.




Los hijos

Londres, Diciembre 2016

SI tuviera hijos, qué les diría? Adriana quiere que los suyos viajen. Nunca lo había escuchado.

Una vez "vi" a mi hija en un tren cerca de Barcelona. Estaba con Juan y le dije "esa nenita sería mi hija". Tenía el pelo castaño y estaba sentada muy seria entre dos nenes de su misma edad, unos 6 años aproximadamente. Veía a los dos chicos molestándose entre ellos, cada tanto empujándose y la nenita ligándola de rebote. Ella seguía inmutable. No sé si la estaba pasando bien. Intuí que ella debería estar pensando que eran unos tarados. O quizás quería que la integraran en el juego. En un momento le sacaron el asiento y no dijo nada. Miró para otro lado, buscando otro asiento libre que no existía. Por un segundo miró en mi dirección. Se me cruzó su mirada seria, con un ápice de tristeza y soledad. Sentí mío su dolor.

Me dieron ganas de llorar y de ir y abrazarme.




Los hijos 2

Tren a Jaipur, India, Febrero 2017

Volví a pensar en cómo este viaje afectaría a mis hijos como cuando me iba de Londres. Si les cuento de este viaje, se sentirán inspirados? Querrán hacerlo? Le contarán a otros que su madre viajó sola en sus 20s?




Así descubrí las mujeres que soy

Buenos Aires, Marzo 2018

Empecé a practicar Karate cuando tenía 10 años. Fui a probar una clase por mi hermano, que en ese entonces tenía 7 años, y había arrancado con un amigo. Había alrededor de quince hombres y una chica adolescente. Cuando la vi supe que quería ser como ella. Quería poder patear y pegar, ser fuerte, sentir que podía defenderme y aún así ser mujer. Quería poder hacer karate sin que me dijeran que no era un deporte para mujeres, o que me iban a maltratar, o que qué tenía que ir a hacer yo, una nena, a pegarme con tantos hombres.

Esa chica nunca me dijo nada. A mí me parecía muy copada y me daba vergüenza hablarle. De todas maneras, sólo con su presencia me hizo saber que yo podía estar ahí. Me inspiró a quedarme. Y me quedé. Hoy tengo seis años acumulados de práctica de karate.

Después empecé a jugar al fútbol. No existían todavía esos torneos femeninos que existen ahora, pero ya había mujeres autoconvocadas para jugar en torneos improvisados. Aún hoy recuerdo el nivel con el que jugaban algunas de ellas y me da un poco de rabia que no hayan tenido oportunidad para desarrollarse localmente.

Después me interesó la tecnología y las computadoras. Estudié en una universidad con mayoría de hombres, pero no quita que había mujeres también. Aprendí a programar, un poco. Cuando tenía tiempo libre instalaba cosas en mi compu y esperaba que no explotara.

Después viajé sola. Viajar en sí no es "de hombres" pero el "sola" se le agrega a viajes de mujeres aunque sean más de una, no sé por qué. Los medios dicen "dos mujeres solas" y no "dos hombres solos". En fin. Viajé yo, sin nadie más, por Europa y Asia. No me pasó nada. De hecho, los hombres y mujeres de cada país me cuidaron. Descubrí que también había muchas mujeres viajando solas -- de a una -- y también me inspiraron.

Después me compré una moto. El novio de una amiga me llevó a dar una vuelta y fui tan feliz que pensé "esto cueste lo que cueste tengo que seguir haciéndolo". Así de inspirada les dije a mis viejos que me quería comprar una moto porque quería sentir el viento en la cara y viajar por Latinoamérica. Mi viejo me dijo que me comprara un ventilador y mi vieja casi se desmaya pensando en lo que me haría cualquier hombre en un semáforo (más adelante, me ayudaron a que compre mi moto). Me acoplé a un grupito de motoqueros que me querían como a una hija. Cuando empecé a rutear los fines de semana descubrí que también había mujeres manejando motos, con botas o en tacos.

Una mujer india en Calcuta se sentó al lado mío con sus colores y me sonrió. Me dijo que tuviera cuidado en el mundo pero que no me preocupara, que todo iba a estar bien, y yo creo que hablaba por todas.



Mi segunda infancia fue así

Buenos Aires, Mayo 2018

En un cumple de mi hermano menor borré sin querer todos los niveles que habíamos pasado en un juego de Star Wars de la Nintendo 64. Le di a "erase" sin entender qué era. Lloré, no dormí en toda la noche. De la angustia, regalé el juego. No sé si mi hermano lo supo alguna vez.

Jugábamos juntos a muchas cosas. A los autitos, a los pókemon. Hacíamos carpas. Una vez se lastimó la cabeza con el picaporte de la puerta y Mamá lo llevó a la cocina para atenderlo. Mientras tanto, mi hermana mayor, que justo esos días estaba en Buenos Aires, me alcanzó hasta la cama de arriba de la cucheta y me contó un par de cosas importantes que yo no sabía. No sé por qué eligió ese momento.

A veces íbamos a Rosario a ver a mis hermanos. Pedaleábamos en autitos por un parque. Tengo un recuerdo de mi hermano mayor con un game boy o algo por el estilo, diciendo "joya, joya" todo el tiempo. No sé si es verdad.

Me gustaba ver Nickelodeon y Cartoon Network. Cuando cumplí 6 años me regalaron un hámster. Una noche lo sacamos de la jaula y mi hermano lo pisó sin querer. Papá lo llevó corriendo a la veterinaria. Al otro día el hámster estaba más clarito, pero bien. Incluso usaba la rueda, que antes ni la tocaba. Varios años después supe que el hámster original había muerto esa noche y habían comprado otro. Yo siempre creí que se había curado milagrosamente.

Empecé a ver Animal Planet y Discovery Kids. Años después, mi tío me regaló un conejillo de indias por sorpresa. Se llamó Manchita y la dibujé muchas veces con sus manchas de tres colores. Cuando enfermó, mamá la llevó a muchos médicos. La vi una tarde con Manchita en brazos y apenas llorando. Supimos que había muerto y lloramos. La enterramos cerca de las vías de la estación de Belgrano R. Después tuvimos otros conejillos de Indias y también los dibujé.

Yo seguí viendo Animal Planet. Había un programa donde hablaban de una raza de perro distinta cada día. Ahí vi muchas pero siempre esperaba que repitieran la del Border Collie.

Una Navidad me regalaron una bici. La bajó del techo mi tío disfrazado de Papá Noel. Fue tan convincente que creí por muchos años que era el verdadero Papá Noel. La bici era roja y tenía rueditas. Mi viejo me enseñó a andar en la Plaza Castelli. Cuando él empezó a correr, yo iba con él, al principio quince minutos, después media hora, una hora. Años después, mi viejo corrió 21 kilómetros y después los 42. Yo sentí que había empezado conmigo.

Mamá me compraba las figuritas de Pokemon y nos llevaba caminando al colegio a cinco cuadras de casa. Algunas tardes íbamos a jugar a los juegos de nuestro restaurante preferido. Otras tardes, antes de eso, íbamos en tren o algún transporte que no recuerdo a buscar a papá por su trabajo. Un verano mamá se la pasó haciendo cola en un banco en Cabildo y Juramento mientras mi hermano y yo jugábamos en la plaza. Cuando nos mudamos a San Isidro, también nos pasaba a buscar caminando cuando salíamos del colegio.

Yo seguí viendo Animal Planet. Mamá y papá volvieron un día con un cachorro de Border Collie. Mi hermano y yo preguntamos si se podía quedar en casa. No sé por qué pensamos que tenían que devolverlo a otro lado. Se llamó Blackie y desde el primer momento al último nos dio su amor sin condiciones. Hoy ya no está y siento que una parte de mi infancia se fue con ella.



Mi única adolescencia fue así

Buenos Aires, Marzo 2018

Creo que empecé a escribir cuando dejé de entender cosas. Tenía casi 15 años, justo en la mitad de la secundaria.

No recuerdo haber tenido miedo antes de esa edad. Todo había ido bien.


Hasta los 15, los viernes a la noche leía y me quedaba dormida. Temprano, los sábados, lo encontraba a mi viejo viendo la prueba de clasificación de la Fórmula 1 y la veía con él. Los domingos veíamos la carrera e hinchábamos por el hermano de Schumacher.

Creía que eso hacían todos hasta que me di cuenta que no. Me enteré tarde que los viernes y sábados había boliches, cigarrillos, alcohol, chicos con chicas. Todos habían cambiado menos yo, y me enojaba. Cómo podían ser tan débiles mentales de sucumbir al sexo, las drogas, las fiestas. Qué ovejas. Juré que nunca me iba a enamorar de nadie ni salir ni tomar.

Nunca digas nunca.


A mi primera cita fui con la remera de Independiente abajo del buzo. No sabía cómo vestirme y me hizo sentir que al menos seguía siendo un poco yo aunque saliera con un chico. Sé qué película fuimos a ver pero no me acuerdo cómo era porque estaba muy nerviosa tratando de que nuestras manos se tocaran en el apoyabrazos como en las películas. Al otro día tenía que jugar al fútbol y sentí que iba a vomitar mariposas.

Desde entonces nada fue igual. Entendí al resto y sus drogas y boliches. Me sumergí de a poco en todo eso. La primera vez que tomé de más pensé que nadie iba a creer nunca más una palabra de lo que dijera, que mi reputación como buena alumna estaba acabada. Al otro día le confesé a una amiga que temía ser alcohólica. Me dijo que me relajara. Pasé a ser una nerd divertida. Rompí un par de reglas en el colegio. Me pusieron mi primera sanción por comer en clase. Otra vez mentí sobre quién había tirado una bomba de olor. Una trivialidad para cualquiera. Fui más lejos. Rompí un par de reglas en la sociedad. Sentí todo el peso de los tabúes sociales cuando salí con el lado oscuro de la Luna. Desde entonces nada fue igual.

Arranqué la facultad y la nueva vida de gente un poco más grande. Quise aprender todo lo que veía. Sentí que me iba a estallar la cabeza de cosas interesantes. Quería tener una empresa. Seguí saliendo y equivocándome varias veces porque había cosas del amor que aún no entendía. Alejé a varias personas de mi lado y decidí parar. Cuando menos lo esperaba, apareció y sentí todo. Esa noche, cuando lo dejé en su casa, quise darle rápido un beso y me trabé con el cinturón de seguridad. Por suerte se rió. Desde entonces nada fue igual.




El amor

Buenos Aires, abril de 2012

Mis noches de esas semanas de facultad eran básicamente cenar y después quedarme viendo tele esperando a ver si llamabas, no sé por qué y para decirme qué, quería que llamaras sólo para hablar con vos. Yo tenía que morderme la lengua para no llamarte demasiado seguido.

Me acuerdo que un par de noches me llamaste, una vez estabas cocinando y me querías cortar y me dijiste "bueno muchacha...". No sé por qué me acuerdo de esa frase, será porque por esa época escuchaba Almendra y me hizo acordar a Muchacha que me re gustaba.




La caja azul

Buenos Aires, Junio 2015

Hacía meses que lo nuestro había terminado, pero recién me di cuenta de eso cuando me devolviste la caja azul.

Esa caja que te mandé desde allá contuvo toda la alegría que podía sin tener que pagar tarifa extra por sobre peso. Era chiquita y linda, me enamoré cuando la vi, como lo hice cuando te vi a vos. Me acuerdo que la llené de papel picado para que te rieras cuando la abrieras. Me pareció que el festivo enchastre de papeles de colores sería una linda sorpresa. Apenas la abriste volaron livianísimos copos en todas direcciones y se metieron en lugares tan inhóspitos de la geografía casera que estoy segura que hoy encontrarías un papelito debajo de algún mueble. Bueno, no fue linda pero fue sorpresa. Dejé las cartitas de amor bien anidadas entre el algodón, y hasta incluso me animé a mandar chocolate, bajo riesgo de que te encontraras con masas derretidas. La cerré y la abracé, orgullosa de mi creatividad y de mi amor. La agarré con dos manos y caminé 300 metros hasta la oficina de correos. Saqué un número, me senté y esperé como una niña que tiene el mejor juguete del mundo entre sus manos.

Ahora me la das. Ahora. Me la das. Ya no querés nada que te recuerde a mí. Me devolvés los recuerdos que te dí, los recuerdos que son tuyos. Esta caja que supo contener mi amor vivo ahora tiene nuestro amor muerto. Desde mi número de teléfono escrito en un boleto de tren hasta su fin, las entradas para esa película que no vimos nunca más. Y todo lo del medio. Cuatro años entran en un segundo. Cuatro años entran en los tiernos quinientos centímetros cúbicos de Caja. Ni un sueño vivo, todos cadáveres.

Qué hago yo con esta caja? Qué hago yo para explicarle que ahora caen lágrimas sobre ella, pero no de felicidad? No podés darme esto sin decirme qué le digo! Ella me pregunta por qué viaja tanto, de Europa hasta tu casa, desde tu casa a la mía; tiene miedo que la vuelva a echar, que se la dé a alguien más o que la deje en la basura.

No! Caja, eso no va a pasar. Yo te abracé antes y ahora te abrazo de vuelta para no soltarte. Sólo me emociona verte de nuevo, Caja, por eso lloro un poco, me suelo emocionar, me conoces. Ahora te vas a quedar conmigo, como en un principio, y cuidarás de los sueños de un amor.

Que no van a cumplirse jamás, pero ella no tiene que saberlo.




Y firmó dos veces, la esperanza, para dejar de esperar

Estadio River Plate, Marzo 2012

Hubo una época en la que me sorprendía a mí misma fantaseando con trabajar en las Naciones Unidas o voluntariarme para Amnistía Internacional. Mis viejos me habían hablado de un recital icónico de Amnistía en Buenos Aires, más o menos por el año en que nací, y sin notarlo se me había metido en la piel. Por eso en cuanto vi un stand de AI en un show de U2, me anoté. Para algo, lo que sea.

Varios meses después me llegó una propuesta de voluntariado por mail. Invitaban a juntar firmas antes del primer recital de Roger Waters en River. Nunca había hecho algo parecido. Acepté. Ese viernes falté a la última clase del día de la facultad y me fui para el estadio.

Descubrí que no tenía un talento especial para encarar a la gente en frío y pedirle una firma para que liberaran a una mujer en Siria, pero aún así estaba muy emocionada de estar escalando las plateas recitando la propuesta. Sentí por un momento que estaba uniendo fuerzas con muchas otras personas haciendo lo mismo que yo en otras partes del mundo. Aunque no sabía dónde estaba Siria, ni quién era el déspota que la gobernaba, sentí que estaba trabajando para la humanidad y tuve un atisbo de trascendencia.

Casi al final del recorrido me frenó una viejita. Me preguntó qué estaba haciendo, le respondí y firmó. Ya me estaba yendo cuando me llamó de vuelta. Me preguntó a dónde íbamos a presentar esas firmas. Quería saber si yo podía pedir por la aparición de su hijo desaparecido en la dictadura.

Sentí un escalofrío, tragué saliva. Quise decirle que su hijo acababa de aparecer, que se había materializado en mi conciencia, que era la primera vez que me aparecía un desaparecido en la vida real, la primera vez que una persona de carne y hueso me contaba que alguien de carne y hueso le había desaparecido. Porque los había leído, los había escuchado en la radio, la televisión, en el colegio, pero nunca los desaparecidos me habían resultado tan reales como en aquel momento.

El sentimiento de esperanza que había acumulado con las firmas anteriores se esfumó. Porque yo sabía que no iba a poder hacer nada que esa mujer no hubiera hecho antes, que su pregunta iba a quedar en el recuerdo de mi supervisor de Amnistía y que nada se iba a hacer por responderla porque alguien tenía que ser liberado en Siria. De repente Siria me pareció mucho más lejano de lo que suponía que era. Había cosas en casa que no estaban bien.

Sin embargo me di cuenta que había algo que sí podía hacer: darle la chance de pelearla una vez más. Entonces di vuelta la hoja de firmas y se la di. Le dije que escribiera lo que quisiera que leyeran aquellos a quienes presentáramos las firmas. Y escribió tres líneas muy pulcras con el nombre completo de su hijo, su DNI, el día y año de su desaparición. Que quería saber por favor dónde estaba.

Firmó con su nombre y DNI, me agradeció y me entregó la hoja.

Yo quise decir algo como que yo me haría cargo, que todo iba a estar bien, pero se me trabaron las palabras en el nudo de la garganta.




La Antigüedad Sólida

El Cairo, Octubre 2017

Llegué a Egipto en un estado mental muy cortoplacista, producto de varias cosas, entre ellas mis intentos de vivir en el presente, la infinidad de posibilidades vitales y la efimeridad de Burning Man. Casi que cualquier plan de mi vida se circunscribía en algún punto desde el presente hasta máximo seis meses y luego no sé, armar otro plan si nada más definitivo había surgido.


En este caso la tercera fue la vencida porque ya dos veces había intentado ir a Egipto y había desistido, principalmente por conflictos armados político-religiosos inherentes al país. Si hubiera tenido éxito en alguna de esas dos ocasiones seguramente me hubiera pegado distinto, hubiera pensado algo diferente de mi reflexión actual.


Conclusión que llegué a Egipto y mi mente cortoplacista se encontró frente a frente con las pirámides de Giza. Son la maravilla del mundo antiguo más antigua, valga la redundancia, Y las únicas de las siete que siguen en pie.


Sólo la más grande (la de Keops, del 2500 AC) tiene entre 2 y 3 millones de piedras de entre un par y varias decenas de toneladas cortadas y traídas desde Asuán, a casi 1000 km de distancia. Subidas por humanos unas sobre otras al calor del sol en el medio del desierto. Y esto es sólo una pirámide de entre todos los demás templos y tumbas egipcias. Hablar de visión a largo plazo queda corto. Cuando los egipcios construyeron lo hicieron pensando en que tenía que durar una eternidad.


¿Cuándo fue la última vez que hicimos algo para que perdure, ya sea en nuestra vida, o incluso después de ella? Se me ocurren un proyecto, una relación, un hijo, una casa, un libro, una carrera, un movimiento. Cuántas veces no queremos atarnos a algo -que aguante eso, pero no siempre- por miedo a cambiar de opinión o a privarnos de algo (que tampoco sabemos qué pero puede ser mejor que a lo que nos atamos, o peor).


¿Hay algo en esta era hecho para sobrevivir una eternidad, o todo lo sólido queda en el colador de la Modernidad Líquida?




Carta a alguien que nunca envié

Lago di Como, Italia, Septiembre 2013

Todos los días me despierto con miedo. Miedo porque todo cambió y cambia muy rápido para mí y nadie me avisa. Sé que es cuestión de tiempo, hasta que me acostumbre, pero hasta que eso ocurra sigo un toque asustada.

A veces me pregunto qué hice, por qué me fui de vos y de todos, quiero bajarme de la montaña rusa y volver a tocar conejitos. Me respondo que era algo que yo necesitaba hacer, destruir mi zona de confort para no tener más nada de donde agarrarme y perderle el miedo a todo.




La Filosofía Panzerotti

de mi blog Attraversiamo. Lago di Como, Italia, Noviembre 2013

Volver al origen siempre nos hace ver el camino recorrido. Lo sé desde que desarrollé la filosofía Panzerotti allá por 2013 y lo revivo cada tanto, cuando veo viejos amigos o camino por ciertos barrios del mundo.

Cuento la historia del descubrimiento de la filosofía Panzerotti. Aclaro, los panzerottis son como... empanadas de masa de pizza rellenas con muzzarella, tomate, salame, etc. Son como una pizza hecha empanada... No sé cómo explicarlo mejor.

Llegué una tarde a Milán después de un viaje de 24 hs más o menos, y mientras caminaba con Hannah para su casa me di cuenta que estaba pisando las primeras calles europeas de mi vida y todo era distinto y por qué hay adoquines en todas las calles? Y dónde están los rascacielos? Por qué todos los techos son rojos? Y finalmente llegamos a su casa, me bañé y estaba muriendo de hambre. Hannah propone comer panzerottis cerca del Duomo.

El caso es que me babeé con el Duomo y los panzerottis que de tan ricos me comí dos. Después volví a lo de Hannah y me fui a dormir con sentimientos encontrados: adrenalina y emoción por haber finalmente llegado a Europa, pero mucho miedo, nervios, y semi claustrofobia de que si esto no me gustaba no había vuelta atrás por 5 meses. Que al mismo tiempo también era bueno, 5 meses para ver esta maravilla. Por eso digo que tenía sentimientos cruzados y no me gustaban del todo.

Pero Milán, el Duomo y los panzerottis son mi origen en Europa y a esto quería llegar. Tres meses después de esa noche, tuve que ir a Milán a hacer un trabajo práctico en Gucci y después de eso fui a visitar el Duomo y comerme un panzerotti. Cuando estuve de vuelta ahí me di cuenta de todo lo que pasé desde esa primera noche que tenía miedo y emoción. Todo origen es conocido, es familiar, y aunque para crecer hay que salir del origen o zona de comfort, volver al origen siempre es bueno para ver cuánto ya recorriste.

Entonces ayer creé mi interpretación de "todos los caminos llevan a Roma". Porque nunca había entendido por qué justo a Roma, y pensé que Roma es casi como el origen de toda la cultura occidental al menos. Y el ser humano siempre vuelve al origen, indefectiblemente. Uno tiene miedo y frío y se hace bolita como un feto. Termina una relación de cualquier tipo y vuelve a los lugares donde todo empezó. Si no sabés bien algo, volvés al capítulo 1 y así con muchos ejemplos.

Mi "volver al origen" es ir a Belgrano R, donde vivía antes, y recorrer todos los lugares donde jugaba cuando era chica. Vuelvo cada vez que tengo que cerrar algo y empezar algo nuevo (por eso fui 3 semanas antes de venirme para acá). Y antes de esta vez, fui otras dos veces.

Incluso hay gente que no le gusta su origen y lo único que quiere es irse de su casa, su país o lo que sea, pero creo que al fin y al cabo algún día va a volver y se va a reconciliar con su origen (tipo el Rey León :)).


Volví a mi "origen" disfrutando mi panzerotti viendo el Duomo, casi como lo hice la última vez, sólo que ahora me sentía más milanesa, más comeña (de Como?), más italiana, o más Delfi Europa que Delfi Argentina como cuando llegué. Sentí que había recorrido un camino muy largo pero volvía al mismo punto, y se sentía bien.

De un panzerotti al otro hubo mil cosas y todavía me quedan más.




El arte

de mi blog Attraversiamo. Lago di Como, Italia, Diciembre 2013

Llegué el jueves casi a la medianoche al hostel en Barcelona, pero ya me di cuenta por la cantidad de gente en la calle y los locales abiertos un jueves a la noche, que era distinta al resto de las ciudades que ví. Definitivamente distinta a las que vi en Suiza o Alemania.

Al otro día obviamente fui directo a la playa a tocar el Mediterráneo, era un día re lindo, y después fui a ver el resto de las atracciones principales (las casas de Gaudí y la Sagrada Familia, la Rambla, catedrales y calles peatonales)

Barcelona sí que es una ciudad: tenía avenidas anchas, edificios, veredas con mucha gente, locales abiertos de todo tipo y color, y eso que Barcelona en invierno-otoño no se compara con la de la primavera-verano. La arquitectura me atraía mucho más que las que vi en otros países, hasta me hacía acordar a Buenos Aires con los monumentos en las avenidas grandes y algunos edificios viejos.

Ese viernes a la noche me mandé a una fiesta de Couchsurfers. La encontré porque busqué en Couchsurfing.com eventos en Barcelona y salió esto, y me pareció útil para conocer gente de otros países que estaban en la misma que yo en Barcelona.

Fue genial, había promoción de sangría y bastante gente que hablaba en español, la música del bar era la que yo escuchaba en Buenos Aires, así que me sentí como en casa.


Y ahora, ultra voladura de cabeza (de las mejores de Barcelona):

Entre otras cosas muy graciosas de las políticas argentinas y venezolanas que hablé con un venezolano que conocí en la fiesta de Couchsurfers, hablamos de arte (porque él había estudiado Diseño Gráfico en una muy buena universidad venezolana de Arte).

Él me decía que le gustaba ir con amigos a un museo y criticar todo, para bien o para mal. Entonces, para mi asombro, pude explicarle lo que más me jode del arte. Le dije: sabés qué me pasa con el arte? Sea una canción, un cuadro, un libro? Que nunca uno puede saber qué interpretación es la del autor. Ejemplo: un tipo escribe una canción sobre su novia que lo dejó, y alguien que escucha la canción puede pensar que es cuando el tipo se fue de viaje a algún lugar. Y si yo fuera quien escribió la canción, me recontra molestaría que alguien interprete las cosas de otra manera que como yo las hubiera querido. Y me molesta cuando veo un cuadro o una obra de arte y me pregunto qué carajo quiere decir el autor con esto y no lo sé. Porque la gente hace todas estas interpretaciones pero yo quiero saber cuál es la que el artista quiso transmitir cuando hizo esa obra. Me molesta un montón.

Él me dijo: Marcel Duchamp definió el arte como "lo que el hombre quiere que sea". Entonces qué hizo él? Puso un urinal en el medio de un museo, bajo un seudónimo (porque él ya era famoso pero no quería que la gente lo votara en la exposición sólo por su nombre), y lo tituló "La Fuente". Ganó el premio en el museo y la gente empezó a preguntarse qué había querido decir con esa obra. Algunos pensaron que el arte estaba en el título, otros pensaron que lo más importante de la obra es que había instaurado un nuevo estilo, el ready made, y etc etc.

Y ahora vuelvo con eso, pero te tiro una metáfora: imaginate que vos tenés un hijo. Lo primero que te va a pasar es tener muchas ambiciones o planes para ese hijo. Vas a querer que sea abogado, o médico, o capaz no tan definido pero vas a querer que sea exitoso, etc... Pero la verdad es que ese hijo está vivo y va a hacer lo que quiera hacer. Entonces capaz quiere ser compositor y olvidate de la Abogacía. Entonces, vos tenías una idea preconcebida cuando creaste a ese ser, que sería lo mismo que le pasa a un artista. Él quiere crear algo para transmitir la tristeza de que su novia lo dejó, y escribe una canción. Pero esa obra de arte está viva, y probablemente va ser otra cosa de la que el artista pensó al crearla. Alguien que escuche esa canción se puede sentir feliz porque le hace acordar a un momento lindo y es exactamente lo opuesto a lo que el autor quiso expresar. Y yo creo que los artistas deben saber eso, que sus obras pueden ser interpretadas de maneras muy distintas, porque saben que son padres de obras que están vivas.

A mí me dijeron que el buen arte es el que no se explica, y ahí vuelvo a lo de Marcel Duchamp (porque antes yo le había preguntado por qué Marcel Duchamp nunca salió a aclarar el significado de su obra): si él hubiera explicado por qué puso un urinal en el museo, la gente nunca se hubiera puesto a pensar y nunca hubiera surgido esta definición de ready made o interpretaciones que cambiaron la historia del arte.

Siento que me saqué un peso de encima en cuanto a interpretar el arte. No hay respuesta incorrecta, al parecer.




La vuelta

de mi blog Attraversiamo. Praga, Febrero de 2014

La gente me decía "Ya te vas! Cómo te sentís?"

Como volviendo a empezar, les digo. Me acuerdo cuando faltaban dos semanas para irme y tenía que empezar a "cerrar" cosas: renunciar, cerrar la cuenta, comprar esto, aquello, armar las valijas. Cosas que me mantenían ocupada para que los días se pasaran más rápido pero que también me hacían olvidar del miedo que tenía.

Veo mi cuarto ahora, a medio desmantelar y con valijas en el piso. Me acuerdo cuando llegué el primer día. Era mío, era todo para mí sola. Pasó a ser mi lugar para estar conmigo misma y pensar mirando a la ventana los primeros días. Fue testigo de llantos y risas, conversaciones por skype y cara a cara, karaokes, atracones de chocolate y amaneceres resacosos.

Y Como, mi cuarto a mayor escala. Cuando bajé del tren y llegué acá por primera vez, le dije "sé buena conmigo". Lo fue. A esta ciudad le debo días y noches de pura dolce vita. Le agradezco por dejarse conocer.


Erasmus, intercambio, una vez me dijeron que era una burbuja, yo lo sentí siempre como mi vida paralela.

Qué puedo decir de semejante experiencia? Me queda chica cualquier palabra.

Fueron los mejores 5 meses de mi vida.




El que encuentra busca

Buenos Aires, Noviembre 2017

Es así siempre, la vida del que busca algo sin saber qué ni dónde encontrarlo. Es frustrante, es gratificante, de a momentos uno quiere mandar todo al carajo y decir por qué todavía no encontré a mi manada. ¿Dónde está? ¿Existe?

Ir de ciudad en ciudad, de evento en evento, buscando pistas. Momentos de soledad. A veces, una luz en el camino, alguien que apunta "andá hacia allá".

El buscador tiene que aprender a decir que sí y que no.

Saber decir que sí aunque dé miedo.

Saber decir que no aún queriendo probarlo todo. Porque necesitaríamos varias vidas para probarlo todo.



Una cosa más antes de irme

Barcelona, Junio 2016

Después de una seguidilla de despedidas en todos los formatos (fiesta, cena, almuerzo, asado, llamada, texto), había conseguido llegar al aeropuerto con todo más o menos ordenado. Sólo me quedaba una persona a la que sentía que le debía un saludo, si bien nunca nos veíamos, si bien hacía años había dejado de figurar en su vida cotidiana. Casi sentía que le debía una disculpa por alejarme sin avisarle, aunque su vida no cambiaría en lo más mínimo con mi partida. Sin embargo había cierta complicidad, un pacto tácito de "che, avisame si pasa algo life changing", al estilo de los amigos que jamás se hablan y se invitan a las bodas.

A horas de irme y ya esperando abordar, llamé y le dije lo mismo: que no sabía bien por qué llamaba pero sentía que tenía que despedirme, "si total nunca nos vemos". Me sorprendió que entendiera lo que me estaba pasando y me dijo algo como que en la infancia uno comparte mucho tiempo, después deja de verse, pero momentos como estos demuestran la importancia que tiene uno en la vida del otro.




Las cosas que perdimos en el fuego

Barcelona, Junio 2016

Me siento a escribir este post sin saber cómo empezar ni cómo terminar (¿será como mi viaje?).

Con mi blog anterior, el de Como y mi primera vez en Europa, escribir me salía más fácil porque todo era nuevo y emocionante. Ojo, no es que ahora no lo sea, pero siento que quiero escribir de otras cosas. De las cosas que me dice la gente. De las cosas que me pasan adentro, más allá del viaje. De los sueños que tengo y me dan miedo contar. Siento que no quiero escribir sobre ciudades sino sobre lo que siento en las ciudades.

Hoy en Barcelona, la ciudad de mis sueños, tengo miedo. Todavía no puedo creer que estoy acá y en cambio estoy muriendo de miedo.

¿Por qué? Bueno, ése es el tema. Por un lado siento que por todas las cosas que dejé en Buenos Aires, este viaje TIENE que valer la pena. "Todo viaje vale la pena" dirán muchos y sí, tienen razón. Pero como dice Steve Jobs, los puntos se ven hacia atrás, no hacia adelante. Y me da miedo que cuando mire atrás este punto de mi vida no se conecte con los anteriores.

Sería como pagar un peaje sin saber a dónde va a llevarte la ruta. "Señorita deje aquí su trabajo, su moto, su dojo, su barrio y ah, su familia y amigos". Y qué hay después de la barrera? "Ah, no sé. Pero más vale que valga la pena".

Ése es el terror Nº1. Otros son no encontrar un buen trabajo en Dublín, no pasarla bien, incluso a veces quiero que eso ocurra para volverme antes a Bs As y retomar las cosas donde las dejé antes de que sea demasiado tarde.

Confieso que me leo y no me reconozco. Si yo sé que de algo trabajaré y si no me gusta me iré, y podré retomar mis cosas igual, por qué le temo? Tal vez todavía me cuesta creer que realmente pagué el peaje para terminar trabajando en un bar con temperatura bajo cero. Tal vez como todavía no lo creo, lamento más lo que perdí que lo que voy a ganar.

Si algo me consuela es que sé que yo quise todo esto.

Yo funciono en base a la experiencia, si no lo viví, no lo sé. Cuando tengo miedo consulto a la gente a ver si le pasó lo mismo que a mí, pero es difícil encontrar a alguien que entienda lo que hice. Pero no imposible.




Libre albedrío hasta la muerte

Estambul, Turquía, Junio 2016

La reconocí del día anterior. Con el jet lag ya no sabía ni qué día era: en realidad la había visto hacía unas pocas horas en el hotel de Estambul. Ahí me enteré que habíamos venido en el mismo vuelo.

Estábamos esperando el bus al aeropuerto. Me acerco.

Cómo estás?

Ah! - me reconoce - Bien, vos?

Bien. Dormí una hora nomás.

Yo ni dormí. Me quise dar una ducha y no entendí las canillas. Terminé bañándome sentada. Le cambié de tema antes que me preguntara sobre la ingeniería canillera.

- A dónde vas?

- A Milán.

Antes de acotar algo, dejé que siguiera. Sentí que tenía ganas de hablar y no me equivoqué

- Tengo a mi hija ahí. Hace 14 años se fue, en la crisis del 2001. El 31 de enero del 2002 se fue, me acuerdo. Dijo que se iba por un año y terminó casándose. Igual cumplió. Volvió el 31 de enero del 2003 y así lo hizo el resto de los años. Excepto hace 2 años que tuvo a la hija, mi nieta, viste, y no podía viajar.

Pausa y sigue.

- Y bueno, vino el año pasado pero en agosto. Porque mi marido ya tenía un tumor, estaba grave desde junio. Él estaba esperanzado pero cuando dejaron de hacerle quimioterapia yo ya sabía todo. Mi hija sintió que tenía que venir y vino. Quería hablar con el oncólogo, para qué le dije yo. Resulta que vino de sorpresa y mi marido se iluminó. Volvió a caminar, comimos todos juntos y dijo que el sábado siguiente quería hacer un asado, pero íntimo, vos, yo y los chicos, ahora que volvió Flor. Yo lo había cuidado todos estos meses y como llegó ella pudo hacerse cargo un poco. El sábado la dejé con él y me fui a la plaza. Me llama diciendo que papá empeoró de repente, y que no sabía si estaba muy mal o si seguía estando. Cuando llegué ya se había ido.

- La esperó a tu hija...- atiné a decir.

- Supongo. Mi ginecóloga, que vivió algo similar, me dijo que los enfermos de cáncer eligen con quién morir.



La salud 2

Dublín, Septiembre 2016

Pienso en Dublín como un retiro (voluntario?). Un detox y parar el carro. Relajar. Planear. Estoy bastante tiempo con mis pensamientos y contando algunas cosas se me empezó a remover la tierra de cosas que creí estaban concluidas.

Son el bagaje que arrastro, la mochila que tenía sin darme cuenta, y tal vez Irlanda pueda ser mi India.

Hasta qué punto es necesario hablar de todo esto para que sane? Siento que diciéndolo encuentro redención, como quien nombra al muerto y no lo mata de nuevo sino que lo revive.




Las noches

Buenos Aires, Septiembre 2017

Será la serendipia — eso valioso que encontrás mientras estás buscando otra cosa- o qué, pero dos veces me encontré con tres frases de Samuel Beckett esta semana cuando nunca lo había leído.

Y sin embargo me resonaba de algún lado. Digo de dónde sale Beckett, de dónde me acuerdo su nombre, quién me lo dijo en algún momento, por qué me resulta tan cercano y a la vez tan lejano como si pudiera atravesar un puente y llegar a él.

Hasta que me acordé que Samuel Beckett se llama el icónico puente blanco de Dublín, el cual atravesé únicamente dos veces en la vida.

A la ida, en bici para ir a una fiesta en la Fragata Libertad (sí, la mismísima de Puerto Madero que tuvo que ir hasta Dublín para que yo vaya a saludarla). Con el puente Beckett y la Fragata la capital irlandesa se parecía mucho a ese pedazo de Buenos Aires.

A la vuelta, caminando. Un joven marino de la Fragata todo empilchado en su uniforme me había pedido un único favor y yo se lo estaba concediendo. Porque ellos se pasan varios días en el mar entre puerto y puerto y cuando bajan hay un par de cosas que sí o sí quieren hacer.

Andar en bici, por ejemplo. “Porque el barco no es tan grande como para andar en bici por la borda” — me dijo — “y a mí me encanta andar en bici. ¿Me prestás la tuya para andar por el puente? Voy y vuelvo”.

Dale, andá tranquilo. Tuve una especie de dejavu. Una vez le había prestado mi moto a otro chico por un par de cuadras. Algunas noches me dedico a la prestación de mis medios de transporte.

En fin, fueron dos frases de su libro El Innombrable, y una de la novela Molloy.

La inocencia es un cristal

Dublín, Octubre 2016

Momento frente a la estatua de Oscar Wilde hoy.

Cuándo crecí tanto? Qué es esto de trabajar, vivir sola? Cómo pasó tan rápido todo desde esa niña con el Príncipe Feliz hasta una mujer profesional?

Me emocioné pensando si habré imaginado ese momento que iba a vivir donde nació y se inspiró Oscar Wilde. Si esa niña sabía lo que era Irlanda siquiera, si pensó en conocer o vivir ahí algún día. Ella sigue dentro de mí y sus sueños son mis sueños.

Enfrentándome a todos mis demonios. Los veo pasar, desfilar, por los confines de mi mente, asustándome.

Todavía estoy creciendo. Sufro, crezco, duele, duele, lloro. Cómo duele crecer.

Pero porque crecí antes llegué hasta acá. Al final soy sólo una niña leyendo a Oscar Wilde.


La inocencia es un cristal 2

Camboya, Enero 2017

En algún momento se me rompió la inocencia. Ya venía crujiendo desde el año anterior y un día simplemente se partió.

No fue cuando perdí la virginidad. Nada que ver. La inocencia se me quebró mucho después que eso, estando sola, dándome cuenta que estaba sola y teniendo que cuidarme para no perder la cabeza.

Se quebró un día en un museo en Vietnam, y una semana después en un campo de exterminio en Camboya. ¿Había visto atrocidades antes? Sí. Pero no sé, algo ocurrió en esa semana, entre golpe y golpe de realidad. De repente dormir con un peluche me pareció nefasto.

Le mandé una postal a una amiga desde una librería de Camboya. La escribí de rodillas sobre un estante. Le dije que en la última semana había perdido más inocencias que con cualquier desamor.

Perder la inocencia fue saber que finalmente el día que escribiera una novela iba a poder relatar sin pelos en la lengua una escena de sexo en el baño de un bar. Sin amor, sin velas, sin atardecer.

Perder la inocencia fue darse cuenta que el mundo no era lo que creías que era.

Empecé a desconfiar de todo. Pensé que se me iba a pasar.

Pero no.


Meses después leo notitas populares del estilo "salí con una chica que viaja", con frases como "sólo ella sabe que siempre hay que estar preparada para los cambios y ha visto todo y no te juzgará"... etcétera. Y lo que en otro tiempo me hubiera enternecido me dio asco.



Avión 1 de muchos

Estambul, Diciembre 2016

Siento que este avión podría estar bien llevándome a Buenos Aires como a cualquier lado. Tuve un deja vú de volver a Buenos Aires.

Hoy casi ni hablé. Eso hace que me vengan dudas, remordimientos, pensamientos malos. Que está lejos, que si adelanto los pasajes, que es mucho tiempo. La Flaca me acompaña pero no tengo privacidad para hablar con ella. Pienso si pudiera volver ya y perderme el resto del viaje, lo haría?

La soledad 1

Algún lugar a 10.000 msnm, Diciembre 2016

Pienso en el otro como un enemigo que me saca de mi zona de confort. Y eso es bueno aunque duela.

Vuelo sobre el desierto de algún país de Medio Oriente. Pienso que siempre estoy sola, y si no es lo que quiero en realidad. Estar sola. Si me jode el resto. Cuando encuentro a alguien con quien viajar, no viene. Me enoja.

Es mejor que la vida sea una línea horizontal, o subidas y bajadas? Los días empezaron a pasar más rápido. Ya me olvidé un poco de la vida en Dublín. Tengo un recuerdo lejano.



El amor 2

Isla Ko Lipe, Tailandia, Diciembre 2016

Conocerlo me restauró la fé en cosas que tenía perdidas, sobre todo en esta época del año donde todo el mundo cree algo que yo no.



El viento en la cara del peregrino

Tren a Ayutthaya, Tailandia, Enero 2017

Ayer tuve mi primer encuentro con Buda. Tanta paz sentí en los templos, mirándolo. Sentí aceptación y casi lloro. Quiero aprender más.

Volví a la vida en Bangkok. Ciudad, energía, ruido, civilización. Me siento en Buenos Aires a veces.

Voy en el tren con el viento en la cara.



La filosofía Panzerotti 2

Barcelona, Febrero 2016

Volver al origen para ver cuánto crecimos. Acá estoy de vuelta en Barcelona. Vine de novia a distancia, en "algo" y ahora soltera. Ojalá la próxima sea de novia acompañada.

Me siento a gusto, Barcelona siempre es mi casa.

Llegué hace 8 meses sin nada. Sabiendo que iba a Irlanda nomás. Acá empezó todo, los skypes, los Cvs, las noches en Doble 00, los freelance. Fue difícil ese mes de vagar por Barcelona con la compu al hombro y los mambos de un chabón.

Irlanda fue la rehabilitación que necesitaba. Me desintoxiqué de las drogas de amor que pude y en el Sudeste le dije adiós a todas. En Irlanda llegué hasta el fondo mismo de mi existencia y de mi dolor, lo sobreviví mejor de lo que creí poder y me hice más fuerte. Removí la tierra para que crecieran mejores hierbas. En Irlanda tuve que sacarme un par de puñales que tenía clavados. Lamerme sola las heridas, aunque algunas veces pedí ayuda. En el Sudeste me encontré frente a frente conmigo misma, con mi mente. Tuve que aprender a controlarla y aún me falta mucho. Si perdía la cabeza se perdía todo. En el Sudeste peleé por mi supervivencia con todo lo que tenía y cuidé de mí misma, con paciencia y amándome mucho. Desarrollé más mi amor propio, pensé en lo que merezco, intenté convencerme que una buena compañía ya va a llegar. No había nadie más que me fuera a cuidar que yo y eso es un amor muy profundo que sentí hacia mí misma, y también una certeza de que puedo valerme sola. Un desamor no me va a matar si yo no lo dejo. Hice cosas que mucha gente sólo podría soñar en hacerlas. Tengo mucho que contar y valgo oro. No me voy a entregar a gente que no me merezca.

Algunas cosas salieron a la superficie y es hora de removerlas también. Tengo nuevos temores: la soledad intrínseca, sentirme cada vez más sola e incomprendida, querer encerrarme para evitar decepcionarme con la sociedad. Quiero trabajarlos, y también librarme de una vez por todas de expectativas y apegos.


Quiero ser como los pájaros cuando caen

Cat Tien, Vietnam, Enero 2017

Una pausa en el camino, un momento para mí. Leo a Pedro Mairal.

"Porque yo me desierto y tú me lluvias [...] por eso yo te cielo y tú me golondrinas"



El Post-Asia

Barcelona, Febrero 2017

De repente Occidente me parece una modernidad parafernálica. Es necesario todo esto? Que me des una tarjeta para el hostel, que me cobres por los lockers... La rigidez de esperar al check in?

La flexibilidad te puede enquilombar pero te hace más libre.




La soledad 3

6.30am Hostel en Barcelona, Febrero 2017

Será porque tengo sueño, ando vagando hace dos días, no sé. Me siento sola, muy sola, me doy cuenta que la soledad de mi viaje y que no se va a terminar cuando vuelva. Va a ser peor. No quiero volver a casa a estar como antes. Quiero llamar a alguien pero siento que es una boludez.

Me siento irremediablemente sola y temo. Siento que a la gente no le importan tanto algunas cosas como a mí. Siempre estuve para la gente que amo pero tal vez esa disponibilidad hace que no me valoren. Me pregunto si debería ser más egoísta.

Estar sola y en movimiento me gusta. El tema es estar sola cuando no tengo nada que hacer ni dónde ir.

Siento que de tanto andar, me olvidé en algún lado. Perdí algo. Dejé algo.

Carta para mi pasado

Buenos Aires, Abril 2017

Hola Delfi, tanto que decías que extrañabas tu juventud y a tus amigas y tenías miedo, quiero contarte cómo siguió todo: Te fuiste de intercambio. Pasaste los mejores meses de tu vida. Viajaste por todos lados. Volviste, un 19 de febrero de 2014. Morías de angustia. Hablabas con gente. Gritabas en el auto. Querías volver a Como. Casi desaprobaste el final de Impuestos pero al final lo aprobaste. Estabas en SAP y no te gustaba mucho. Cortaste con Juan un 20 de diciembre de 2014. Terminaste en lo de una amiga que te consoló. Martín chocó con el auto de unos amigos volviendo de la costa el día que mataron a Nisman. Ahí te diste cuenta que te estabas manijeando mucho. Un día en karate le dijiste a un chico si quería tomar algo un día y pronunció el sí más lindo de la historia con su sonrisita y sus ojazos. Salieron de febrero a abril. Tuviste momentos muy románticos y también la cagaste por tu ansiedad. Lo apuraste mucho y lo lamentaste. Tampoco sabías a dónde hubieran llegado. Te fuiste al Norte y a Córdoba. Subiste el Uritorco. Volviste de Córdoba y te metiste en un auto a Pergamino por la muerte del abuelo. Al chico lo seguiste viendo hasta que un día lo sentiste raro, lo llamaste para hablar y te dijo que mejor no se vieran más. Estuviste sola un mes más o menos. No tenías feeling. Volviste a tenerlo, una noche. Todo fue color de rosa al principio, incluso se fueron juntos a Montevideo. Te recibiste un 17 de julio de 2015 y viajaste un mes a EEUU e Italia. Viste a tu hermano. Volviste y él había decidido irse a Barcelona. No te quiso llevar y ahí estuviste meses yendo y viniendo sin saber qué hacer hasta el 24 de marzo de 2016 que se fue. Tuviste 3 meses de tranquilidad. Para la visa de Irlanda aplicaste el 12 de enero de 2016, el 2 de marzo te dijeron que habías quedado. El 13 de abril fuiste a la Embajada. Conociste virtualmente a algunos que se iban a Irlanda por Facebook. Te quedaste un mes en Barcelona trabajando dos semanas de moza en un restaurante. Se fueron de roadtrip secreto. Todo terminó cuando te fuiste a Irlanda, una semana después te llamó y le dijiste que no querías saber más nada. Ahí te dijo que te amaba y vos le dijiste bullshit. Vivís en Dublín, te hacés una amiga, trabajás, arrancás Brújula, te vas a Islandia, al Sudeste Asiático, a India y volvés a Barcelona antes de volver a Buenos Aires, un 16 de febrero de 2017. Hace dos meses que estás acá y te sentís sola, sin rumbo, pero intranquilamente tranquila producto de que empezaste meditación, terapia, a correr. Cosas para mejorarte. Te hiciste monotributista, trabajás por tu cuenta sin querer. Sentís que perdiste a tu amiga y que no encontrás tu manada, que lo que buscás lo encontraste y se te rompió.




Los planes

de mi diario. Buenos Aires, Julio 2015

Both up or nothing.

Certezas:

- Quiero viajar

- Quiero escribir

- Quiero mejorar vidas con tecnología


Me estoy empezando a dar cuenta que tal vez no me hará feliz el camino que yo/todos pensamos que seguiría. Cuál sería ese? Laburar en una empresa grande. Noviar con el workaholic. Ascender en empresa. Irme de vacaciones cada tanto. Mandar mails. Casarme. Tener hijos. Dejar mi laburo.


Lo cierto es que me da un poco de asco que me llamen de consultora A, B, C para el programa de Jóvenes Profesionales de Empresa Grande A, B, C.

Ojo, no sé si siempre.

Siento un llamado a viajar, a ver otras cosas, a conocer. A tener algo mío. A trabajar en algo pequeño y que crezca. A acercar tecnología a la gente. Será otro cliché? Lo estoy diciendo como discurso memorizado porque es copado decir que querés viajar y hacer algo tuyo?





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