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La vida de Rose











Johnn A. Escobar














































Copyright © 2015 Johnn A. Escobar

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Estimado lector:



Fue la voz de mi mamá quien ha dictado su autobiografía y yo únicamente he sido quien lo ha escrito, para que usted el lector pueda leer estas palabras. Pues qué mayor inmortalidad que perpetuar las memorias a través del tiempo, siendo así una forma de no sólo comunicar sino desahogar todo aquello que aprisiona la vida: El Pasado".



































































































La vida de Rose



La vida de Rose es una biografía elaborada y consistente la cual escribe y describe en primera persona la vida de una persona muy especial la cual a querido contarnos su historia, la misma está envuelta en el drama de una vida llena de desdicha y desgracia, pero que en cierto modo ha logrado ser feliz.

Cada vida tiene una historia que contar, y cada historia tiene una vida para narrarla".





































































































HOLA.



Soy una persona más en este mundo, quien tan solo quiere narrar su historia, sin mentiras, ni engaños, únicamente la auténtica verdad.



Todo comenzó un 13 de agosto de 1956:

Había una familia la misma se componía por los padres y 8 hijos. El padre era militar en la Escuela Mecánica de la Armada -comunmente conocida por sus siglas E.S.M.A- la madre era ama de casa, en cuanto a los hijos, estos se llamaban: Antonio, Carlos, Andrés, Cristina, Rose, Estela y la menor la cual se llamaba Alicia. No tenían tíos ni primos, sólo eran ellos. Así les cuento la vida y lo que soporte por el simple hecho de haber nacido el 13/8/1956, es como si hubiera nacido con una maldición.







































Todo era difícil e imposible para mí, nací en San Justo, mi madre nunca supo decir si nací durante el día o la noche, en un hospital o en casa, ya que siempre me respondía: “¡Naciste en el gallinero!".

A pesar que mi padre era militar y se encontraba en una buena posición económica, nosotros vivíamos sumidos en una miseria terrorífica; sin ir más lejos el desayuno que recibíamos consistía en mate cocido amargo y en cuanto al resto del día no recibíamos alimento, esto se debía a que nuestro padre llevaba una doble vida ya que era casado y tenía otros hijos, mientras que mi “madre" solamente era su amante. Mi padre nos visitaba una vez por semana, cuando esto sucedía era cuando comíamos. En cuanto a la actitud de mi padre no había mucho que decir ya que simplemente era despreciativo y arrogante, nunca bajaba la cabeza; debido a esta actitud era que poseía dos familias una de ellas compuesta por su esposa y sus hijos y la segunda por mi madre y mis hermanos, quienes cabe aclarar siempre me odiaron y despreciaron.

Aún recuerdo como sentía de sabrosa la comida y el pan cuando él nos visitaba, ya que era la única vez que comíamos de verdad y podíamos satisfacer el hambre disfrutando del pan como si de un postre se tratara.

A mí no me molestaba ya que en el terreno que vivíamos había gran variedad de árboles frutales, entre ellos naranjas, mandarinas, pomelos, nísperos, higos, uvas y duraznos, me encantaban los azares, pero más aun me gustaban las flores del durazno en primavera. Fui feliz hasta cumplir 6 años de edad, fue entonces que inicié la escuela, en ella era un fantasma para mis compañeros, estos no me golpeaban, pero no jugaban conmigo no me hablaban y para colmo la maestra era una mujer demasiado nerviosa la cual se llamaba Nilda -la misma fue mi maestra en primer grado-, yo no era mala sólo era muy tímida y como toda niña de esa edad no sabía escribir muy bien. Entonces la maestra me hacía pasar al frente de la clase y entonces me torcía las orejas y me zamarreaba por los pelos.













Luego de sufrir estos maltratos en el colegio, regresaba a mi hogar creyendo encontrar el consuelo en mi madre, pero me equivocaba ya que ella también me golpeaba alegando que la maestra tenía toda la razón en maltratarme. Mi madre jamás me defendió y nunca habló con la maestra, todo esto siempre me desconcertaba y no entendía por qué me trataban así, pero no decía nada, tan solo lloraba y corría a esconderme bajo una higuera ya que sentía la soledad y el abandono por parte de mi madre al no defenderme.

Un día en especial, la maestra Nilda golpeó y arrancó un mechón de pelo a una alumna cuyos padres la amaban en verdad, entonces la madre de esta niña fue al día siguiente al colegio y golpeó ferozmente a la maestra. Las autoridades del colegio luego de aclarar las cosas y comprender la situación decidieron despedir a la maestra, fue así que gracias a la madre de esa niña, yo logré sentirme a salvo en el colegio. En lugar de esa maestra llegó una maestra nueva la cual era tan buena que comencé a desear que fuese mi madre, ya que me trataba muy bien.

Una tarde estaba jugando con mis hermanos en el patio -ya que algunas veces me incluían- cuando una pareja llamó buscando a mi madre, ella los atendió y estos explicaron que deseaban adoptar una niña o comprarla ya que vieron era pobre y tenía tantos hijos que mantener, sabían muy bien que no era fácil esa situación, por ello ofrecieron dinero a cambio de adoptar una niña, ellos se encontraban en una buena posición económica y no tenían hijos, por ello deseaban adoptar. Mi madre les preguntó cual niña querían a lo que ellos contestaron: “La rubiecita". señalándome. Mi madre pensaba entregarme a esta pareja, mas en ese momento llegó mi padre, quien se encontraba furioso como de costumbre, y preguntó que estaba sucediendo y tras explicarle lo sucedido, se negó a darme en adopción, echando a la pareja lo que dejaría en evidencia el poco amor que me tenía ya que no pensaban en mi futuro dado que yo quería irme con esa pareja; luego de ello continué jugando sin pensar qué vida me esperaría.

Así pasaron los años y crecía, pero en la escuela nada cambiaba, continuaba siendo un fantasma, cuando estuve en sexto grado mi madre me puso a trabajar en una butik y en verdad no me gustaba trabajar allí; pasó el tiempo y abandoné el trabajo diciéndole a mi madre que me habían despedido, aunque ella ya sabía la verdad y tras esto me golpearía ya que con el dinero que yo ganaba la familia comía.

Mi mayor sueño siempre fue ser cardióloga o psiquiatra, ya que mi hermana mayor Cristina, estudiaba y si no le gustaba una carrera entonces la ponían en otra, pero a ella no le interesaba estudiar. Yo por otra parte si quería estudiar, y creía que también me permitirían hacerlo, mas ni siquiera me permitieron terminar séptimo grado y mi madre decidió enviarme a trabajar con tan solo 13 años de edad.

Antonio mi hermano mayor era baterista y tenía un grupo de música, este no tuvo mucho éxito, pero en su vida fue feliz.

Carlos trabajaba en las noches regresando en las mañanas a casa y durante las tardes estudiaba, él era un genio y su especialidad era la confección de planos, pero una mañana regresó caminando y sosteniendo su bicicleta ya que un autobús le había tocado la rueda trasera, acto seguido cayó golpeándose la cabeza con el cordón de la vereda; fue internado en el hospital descubriendo que tenía un coágulo en la cabeza, lo operaron extirpándole el mismo, quince días después volvió con la cabeza vendada, parecía estar todo bien así que decidió no retornar al hospital, pero sí regresó a estudiar. Una noche él sintió un ruido muy fuerte, Carlos había sufrido un desmayo y seguido a esto comenzó a convulsionar en el suelo ante la mirada de nuestra madre quien comenzó a gritar de terror despertando a todos incluyéndome, y pude observar la aterradora y traumática escena. Desde entonces ya no pude ingresar en casa sin ser acompañada ya que sentía un horrible miedo que me perseguía, asumí que la fatalidad me acompañaba.

Todos en el barrio tenían grandes casas con fuertes cimientos, mientras que la nuestra era la única casilla de madera forrada con ruberoy por fuera, básicamente nuestro hogar se componía por una habitación y una cocina, nada más. En la habitación había dos camas de una plaza, y una de dos plazas. La mesa se encontraba en el medio de la habitación, no poseíamos televisión ni heladera. En una cama dormíamos, Cristina, Estela y yo, en la otra dormían Carlos y Andres. La cama grande era para mi madre quien dormía sola hasta que en raras ocasiones nos visitaba nuestro padre.

Tras la miseria y el frío no se podía vivir, el colmo de todos era nuestro padre quien cuando nos visitaba nos trataba como si de soldados se tratase. Los sabados eran los únicos días en que nos visitaba y en ese entonces él decidía despertarnos a las 5 de la mañana, acto seguido abría la ventana y la puerta, obligándonos a despertar y sin abrigo alguno salir afuera ya que para él los niños no sentían frío, y debíamos obedecer. Recuerdo nos acurrucábamos debajo de los árboles hasta que saliera el sol y su abrigo nos calentara, mientras esto sucedía nuestros padres permanecían dentro y calentándose con un gran brasero, mientras bebían mate.

Andrés fue llevado como aspirante en la Marina por nuestro padre quien era oficial; Andrés permaneció quince días y luego le permitieron regresar durante una semana, pero cuando cumplió su periodo de permiso tuvo que regresar al servicio pero él se emborrachó ya que no quería volver debido a que le habían hecho algo que se negaba a confesar y tan solo lloraba mientras manifestaba su negativa rotunda a regresar. Nuestra madre lo obligaba a cumplir su servicio, mientras que yo en la inocencia de mi edad le daba ruda para que masticara queriendo ayudarlo para que nuestra madre no evidenciara que él estaba ebrio, y esperando que con eso no fuera posible oler el alcohol; fue así que luego de una hora el micro que lo transportaría a su base partió sin él, lo cual enfureció a nuestra madre quien a su vez me culpó por haberlo cubierto y también se enojó con Andrés por desaprovechar una carrera muy favorecedora.

Nuestra madre continuó desquitándose conmigo por cada suceso que la enfurecía y me golpeaba, mas yo ya estaba acostumbrada a llevar culpas ajenas y debido a ello no contestaba.

Jamás conocimos de santa claus o reyes magos, no festejábamos cumpleaños ni otras festividades, además siempre me maltrataban y siempre me preguntaba por qué me retuvieron con ellos si no me amaban y por qué no me entregaron a esa pareja que quería adoptarme, nunca lo supe sólo suponía que el egoísmo de mis padres pudo más que ellos, condenándome a sufrir constantes abusos por parte de mi madre.

Y lo peor estaba por empezar ya que la vida nos tenía preparado otro golpe. Un día cualquiera apareció una mujer de aproximadamente 25 años de edad, ésta quería hablar en privado con mi madre, así que ambas se encerraron a charlar, la mujer resultó ser la hija legítima de mi padre producto de su matrimonio. La mujer quería vender ese terreno porque necesitaba dinero, mi madre desbordó en llanto, al verla llorar intenté consolarla, pero mi madre me empujó diciéndome que no servía para nada, así que solamente bajé la mirada y regresé al patio, yo ya no lloraba sólo aceptaba el maltrato.


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