include_once("common_lab_header.php");
Excerpt for Genios de la la Estrategia Militar Volumen III Simón Bolívar, el hombre de las dificultades by , available in its entirety at Smashwords

Genios de la Estrategia Militar

Volumen III

Bolívar el hombre de las dificultades

Bolívar, guerrero, líder y estratega

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Ser Guerrero del Libertador

General Álvaro Valencia Tovar

Bolívar, Conductor de Tropas

General Eleazar López Contreras




Colección Estrategia y Liderazgo No. 3





















Bolívar el hombre de las dificultades

Bolívar, guerrero, líder y estratega

© Luis Alberto Villamarín Pulido

Ser Guerrero del Libertador

General Álvaro Valencia Tovar

Bolívar, Conductor de Tropas

General Eleázar López Contreras

ISBN: 9781370730414

Smashwords Inc





Sin autorización escrita del autor-editor-compilador de la obra, no se pueden reproducir estos textos, por ningún medio reprográfico, físico, de video, de audio, o electrónico. Hecho el depósito de ley en Colombia.








INDICE


Bolívar, guerrero líder y estratega

El alma de un guerrero

Visión geopolítica del libertador

Genialidad estratégica militar de Simón Bolívar

Simón Bolívar y los principios de la guerra

El ser guerrero del Libertador

Introducción

El militar y el guerrero

El vislumbre del genio

Victorias efímeras

El reto del fracaso

Cumbres y abismos

El viraje decisivo

¡Caracas por fin!

La ruta sombría

Sobre los hombros del gigantesco Ande

Así fue el guerrero

Bolívar conductor de tropas

Introducción

Campaña admirable (1813)

Campaña del Centro y Occidente y del sur de Caracas

Primera expedición de los Cayos

Segunda expedición de los Cayos

Campaña del Centro de Venezuela (1818)

Campaña de la Nueva Granada (1819)

Campaña de Carabobo

Bibliografía










BOLÍVAR, GUERRERO, LÍDER Y ESTRATEGA



Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido



Colección Nuestra Historia, Volumen III

www.luisvilamarin.com


El coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es analista de asuntos estratégicos, especialista en geopolítica, defensa nacional y estrategia, temas sobre los cuales ha escrito 28 libros, algunos de ellos traducidos a varios idiomas.

Es miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia Militar, Sociedad Bolivariana de Colombia y Academia de Historia del Huila




EL ALMA DE UN GUERRERO

Mientras Alejandro Magno, Julio César, Marco Antonio, Aníbal Barca, Napoleón Bonaparte, Gengis Khan, Tamerlán, Carlomagno reconocidos por la historia universal como grandes capitanes fueron calificados como conquistadores; Simón Bolívar es reconocido como libertador y no como conquistador.

Es probable que con excepción de Simón Bolívar, gestor de la libertad en seis na-ciones latinoamericanas y de George Washington, cuya visión geopolítica articuló las bases estructurales de los Estados Unidos de América, los demás generales victoriosos en todas las latitudes y épocas, brillaron por la habilidad estratégica para ejecutar maniobras militares, pero sus construcciones políticas fueron temporales y basadas en imposiciones por la fuerza, porque colonizaron con la espada, mientras Simón Bolívar libertó con las leyes. Las oscilaciones entre el triunfo y la derrota, que demarcan la meteórica existencia del autonombrado hombre de las dificultades, reflejan el choque de dimensiones entre el pensamiento y la acción, que evaluadas en su caso particular de ciudadano-soldado, estadista-guerrero y libertador-presidente, lo ubican en el codiciado podio de la gloria, destinado a los paladines. Las extraordinarias vivencias del general Simón Bolívar, configuran una mezcla de virtudes y defectos, aciertos y desaciertos, fracasos y triunfos. Con sobrada razón en un sentido homenaje en el remoto caserío de Pucará en el Perú, el inca José Domingo Choquehuanca, exaltó la fulgurante obra del Libertador con la frase:

—Para que alguno pueda imitaros, será preciso que haya un mundo por libertar. Vuestra fama crecerá como aumenta el tiempo con el transcurso de los siglos, y como crecen las sombras cuando el sol declina—

Las cifras son contundentes. Durante dos décadas de agitado peregrinar bélico-político, Simón Bolívar recorrió una distancia superior a 123.000 kilómetros, equivalentes al terreno que transitaron Cristóbal Colón y Vasco de Gama juntos. Dicho de otra manera, mientras Bolívar cubría el escabroso trecho, sus soldados y seguidores difundieron el ideario de la libertad sobre una longitud equivalente a una vuelta y media al diámetro de La Tierra, es decir, diez veces más que el terreno transitado por Aníbal y el triple del espacio recorrido por Alejandro Magno. El genio estratégico político y militar como estadista de Simón Bolívar, se sintetiza en que en menos de tres décadas y a pesar de las distancias, las dificultades tecnológicas de la época y los riesgos derivados de las inquinas, el Libertador presidió cuatro congresos constituyentes y edificó las bases jurídicas, políticas, económicas y sociales de cinco repúblicas, que con el paso de los años se convirtieron en seis debido a la traidora separación de Panamá en 1903.

Como guerrero y avezado estratega militar, Simón Bolívar participó en catorce campañas militares en cinco países, dirigió más de cuatrocientas batallas, y con arrollador liderazgo, comandó más de un millón de soldados de diversas nacionalidades, incluidos legionarios provenientes de Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Polonia, Irlanda, Portugal, Argentina, Chile, Haití, Jamaica y Centroamérica.

Para muchos historiadores la Campaña Libertadora de la Nueva Granada en 1819, iniciada con incertidumbre en los Llanos de Setenta en Venezuela y culminada con éxito total, cuatro meses después al sur de Tunja, en el puente sobre el río Teatinos; es la operación militar más brillante producto del genio estratégico del Libertador, debido a las intensas dificultades que padecieron sus tropas para salir de la cálida y lluviosa llanura, remontar el frío y escabroso Páramo de Pisba, golpear de sorpresa la principal fuerza realista, y entrar triunfante en la capital granadina, mientras los destacamentos dejados en contacto en Venezuela, mantuvieron ocupadas las tropas de Pablo Morillo, sin permitir que apoyaran a las de Sámano en la Nueva Granada.

Pero años antes, el Libertador comandó otra brillante maniobra estratégica militar, sorprendente e increíble, pues la inició en Cartagena de Indias, con su imagen de rebelde con causa y se prolongó como una leyenda guerrera, la forma convincente en que se dirigía a los soldados y pobladores civiles de la zona recorrida. Pese a la tenaz resistencia de las tropas realistas, durante las exitosas campañas militares del Bajo Magdalena y Admirable, en menos de seis meses, comprendidos entre finales de 1812 y comienzos de 1813, Simón Bolívar atravesó triunfante todas las ramificaciones de los Andes en Colombia y Venezuela. Ni antes, ni después, ningún militar conocido en la historia de la humanidad, logró tantos éxitos en un espacio tan amplio, durante un lapso tan breve.

Asimismo, en menos de un año, el general Simón Bolívar libertó al Perú y fundó a Bolivia, a pesar de los obstáculos calculados de los santanderistas en Santa Fe, las insensatas ambiciones caudillistas en Venezuela y las envidias e intrigas en el Perú.

Durante el mismo lapso convocó un Congreso Panamericano y hasta planeó ir a combatir contra los realistas en México, Puerto Rico y Cuba, e inclusive expresó su deseo de llegar algún día con tropas americanas a las costas de España, para recuperar todas las riquezas expoliadas por los peninsulares durante más de tres siglos de colonización.

Esa es la cercana realidad de Simón Bolívar, un ser humano excepcional, lleno de vitalidad y mente positiva, resuelto a concretar un propósito trascendental, sin importar las dificultades y circunstancias de modo, tiempo y lugar, como en efecto lo hizo. Ese es su mayor legado. En la vida y la obra de simón Bolívar se aplica con exactitud, la percepción de Sun Tzu acerca del liderazgo estratégico político y militar:

“Gobernar sobre muchas personas como si fueran pocas es una cuestión de dividirlas en grupos o sectores: es organización. Batallar contra un gran número de tropas como si fueran pocas es una cuestión de demostrar la fuerza, símbolos y señales”

“Esto se refiere a lograr una percepción de fuerza y poder en la oposición. En el campo de batalla se refiere a las formaciones y banderas utilizadas para desplegar las tropas y coordinar sus movimientos. Lograr que el ejército sea capaz de combatir contra el adversario sin ser derrotado es una cuestión de emplear métodos ortodoxos o heterodoxos”

Un examen puntual de las actuaciones políticas y militares de Simón Bolívar, du-rante 20 años de vida pública, coincide en todas y cada una de las partes, concebidas por el general chino Sun Tzu, como elementos lineales del liderazgo estratégico sobre las tropas en campaña o sobre los ciudadanos gobernados en términos de república y democracia.




VISION GEOPOLÍTICA DEL LIBERTADOR

Simón Bolívar fue un hombre excepcional que nació en un momento histórico que reclamaba para el llamado Nuevo Mundo, un líder que trazara el rumbo venidero. Fue un revolucionario en la extensión de la palabra, que comprendió su lugar y su ubicación en el tiempo, para edificar un legado difícil de imitar. Escribir o hablar de la vida y la obra del Libertador ha sido, es y será tema extenso, con el cual se pueden elaborar enciclopedias. La razón básica de esta premisa es que Bolívar comprendió mejor que todos sus contemporáneos, la importancia de la interacción de la geopolítica con la estrategia durante el desarrollo de la guerra y la búsqueda de objetivos políticos trascendentales durante la paz. En aras de puntualizar la relación entre el visionario geopolítico y el triunfante estratega militar, el autor de la obra dictó una conferencia magistral ante los académicos de la Sociedad Bolivariana de Colombia, el 7 de mayo de 2015 en Bogotá.

A continuación, algunos apartes de la mencionada exposición:

1. La geopolítica es la causalidad espacial de los efectos políticos a corto, mediano y largo plazo, con incidencia en la historia política, la geografía política y agregado de la propia cosecha la inteligencia estratégica para la seguridad de los estados.

2. Para aplicar con acierto la geopolítica se requieren visionarios, es decir personas a quienes los militares y empresarios denominan líderes, los dirigentes políticos estadistas y los espiritualistas llaman iluminados o predestinados, sin incurrir en la predestinación económica luterana.

3. A todas luces, Simón Bolívar encarnó las tres, y su existencia ocurrió cientos de años antes de que la humanidad estuviera preparada para recibirlo.

4. Por su destreza y habilidad mental Bolívar llevaba en su accionar la geografía andante, porque concibió y actuó en su entorno inmediato con base en las evoluciones sincronizadas de la política local regional y mundial, es decir sin haber estudiado en altas academias militares su riqueza intelectual autodidacta y su percepción amplia de los fenómenos circundantes, lo hacían un hombre perfectamente informado y actualizado acerca de las líneas de acción de las potencias mundiales de la época.

5. La grandeza geopolítica de Simón Bolívar radica en que pasó del pensamiento a la acción, pues no se limitó a comprender los fenómenos políticos y sociales de su época, sino que buscó soluciones e intuyó la evolución de los acontecimientos, aunque la insuficiente estatura intelectual de casi todos sus acompañantes revirtió en que muchos de los estos lo traicionaron.

6. Con agudeza política y visión geoeconómica y geoestratégica, Simón Bolívar intuyó la importancia de conformar un bloque geopolítico hispanoamericano para contrarrestar la hegemonía en el comercio en manos de las grandes potencias de la época, la educación selectiva y diferencial, así como la idea del desarrollo integral de las naciones liberadas por su espada y el resto del continente.

7. Con amplia capacidad perceptiva, Simón Bolívar intuyó la importancia de articular los recursos naturales de la región con la geografía global del hemisferio, para negociar de igual a igual con las potencias de la época.

Nunca pretendió ser camorrero, ni marxista, ni menos que en el futuro, su nombre fuera utilizado como un recurso populachero para hacer política caudillista o partidista.

8. La grandeza de la visión geopolítica del Libertador se enriqueció con la forma permanente como recogió puntos de vista diferentes, demostró esquemas liberales de gobierno, renunció a todos los honores y encumbramientos mundanos, para después de haber nacido en cuna de oro y sacrificar toda su fortuna para liberar gran parte del hemisferio, morir en casa ajena y con camisa prestada.

9. Debido a la extensión de la obra del Libertador el conferencista seleccionó algunos de los múltiples episodios de la vida del Libertador, en los cuales demostró la grandeza de su visión geopolítica. Estos son algunos de los ejemplos dados:

a. Encuentro con funcionarios realistas en Veracruz-México, cuando apenas era un mozalbete y tuvo la impertinencia de plantearles la necesidad de independizar la América Hispana de la Madre Patria.

b. Manifiesto de Cartagena en 1812 como autocrítica a los errores cometidos durante la conformación de la primera república venezolana y propuestas de libertad para la Nueva Granada. La rebelión intencional contra Labatut, se debió a la intuición de Bolívar acerca de la importancia geoestratégica del río grande de la Magdalena en el proyecto de libertar a las dos naciones y fundirlas en una sola. Por razones obvias eso no vieron sus enemigos políticos, militares y personales, interesados en mezquindades muy inferiores a la dimensión del pensamiento global del Genio de América.

c. Carta de Jamaica en 1815 dirigida a un ciudadano inglés en la que le describe un panorama general de la geopolítica del continente americano en ese momento, y con fino tacto diplomático lo conmina a comprometer a la Gran Bretaña en la guerra contra España. En esta acción, Bolívar no solo graficó su insuperable persistencia, sino su visión conceptual sobre el continente y la necesidad de hacer alianzas geopolíticas con las potencias, de igual a igual, no de subyugación.

d. Delirio de Casacoima durante las difíciles campañas de 1817 en Guyana, luego de ser sorprendido por una incursión táctica terrestre nocturna efectuada por tropas especiales de Pablo Morillo y sobrevivir en medio de la espesura de la manigua, deliró en que algún día llegaría al Perú pasando victorioso por la Nueva Granada y el Ecuador. Siete años más tarde su delirio era una impresionante realidad histórica y geopolítica.

e. Los tratados de amistad que Simón Bolívar firmó con México, Perú y Buenos Ai-res, el Congreso Anfictiónico de Panamá y sus reflexiones en Bucaramanga, mientras esperaba ansioso, los resultados de la Convención de Ocaña.

10. El Libertador demostró los alcances de su percepción geopolítica, en otras actuaciones tales como el acertado manejo que dio a la política exterior de su ejército independentista, frente a los proyectos de la Santa Alianza integrada por Austria, Prusia y Rusia para evitar otro Napoleón en Francia y bloquear el crecimiento del Imperio Otomano sobre Europa continental.

11. Frente al tema del destino manifiesto de Estados Unidos y la doctrina Monroe, la visión geoestratégica del Libertador planteó fortalecer la unidad monolítica de Hispanoamérica y pensar en negociar de igual a igual con Estados Unidos. En ningún momento se trató de una percepción anticapitalista, ni anti yanqui, ni antimperialista como aducen los comunistas modernos para desvirtuar la imagen correcta del general Simón Bolívar.

12. La visión geopolítica del Libertador Simón Bolívar se concentró en:

a. Erradicar la anarquía interna

b. Establecer el equilibrio global.

c. Contrarrestar el creciente poder de las fuerzas realistas.

d. Cobrar a España todo lo que expolió a las colonias.

13. Los métodos que utilizó el Libertador para difundir su pensamiento y visión geopolítica se encuentran insertos en:

a. Cartas y proclamas

b. Constituciones antimonárquicas, de corte liberal

c. Publicaciones periódicas, verbigracia el Diario del Orinoco.

d. Transmisión de mensajes voz a voz

14. La conferencia magistral acerca de la Visión Geopolítica del Libertador, finalizó con las siguientes conclusiones:

a. Bolívar encabezó una guerra que derrocó a la monarquía del poderoso imperio español e instauró una república democrática de corte liberal.

b. Su ejemplo fue referente para concretar otras revoluciones en el continente.

c. Todo el pensamiento y la obra del Libertador estuvieron enfocados en articular un bloque geopolítico con capacidad de interactuar de igual a igual con las potencias de otros continentes.

d. Por desgracia, la visión geopolítica de Simón Bolívar no fue comprendida por los medianos coetáneos, pero por desgracia sigue sin ser entendida dos siglos después, razón por la cual su nombre es mal empleado, su legado es distorsionado y su nombre utilizado com bandera de lucha por los comunistas y otros oportunistas.

e. Urge fortalecer en los centros educativos del país, el conocimiento analítico de la vida y la obra del padre de la patria.



GENIALIDAD ESTRATÉGICA MILITAR DE SIMÓN BOLÍVAR

Por sus condiciones personales y las circunstancias de la guerra, Simón Bolívar se convirtió en el líder político-militar de un movimiento revolucionario contra la Corona española gestado en múltiples puntos del continente americano En menos de tres lustros, el general-Libertador, concretó la victoria de las tropas patriotas contra las fuerzas realistas en territorios donde a la postre, se consolidaron cinco repúblicas con sus respectivas constituciones inspiradas en el ideario del gran general venezolano.

El resultado final de las campañas militares dirigidas por Simón Bolívar contra las tropas realistas, significó el triunfo de la segunda revolución demo-liberal en el hemisferio, la pérdida de las colonias ultramarinas del poderoso imperio español y la concreción del sistema republicano en gran parte del continente americano.

Pero, la tarea fue compleja, no obstante la celeridad con que ocurrieron los hechos, lo épico de las batallas, la valentía de los soldados, el amplio respaldo de la población civil a los patriotas y la labor educativa en las escuelas públicas y privadas de los docentes y sacerdotes invitando a la juventud a unirse a las fuerzas libertadoras.

La guerra de las colonias contra las tropas realistas experimentadas en muchas batallas contra las fuerzas napoleónicas en el Viejo Continente, fue sui generis, porque combinó elementos de batallas convencionales, con acciones de guerrillas, espionaje urbano y rural, limitada logística obtenida en el teatro de operaciones, redes de apoyo clandestino dentro y fuera del continente y actos de heroísmo que aún no terminan de escribirse. Fue una de las primeras guerras internacionales que vinculó activamente a la población civil en ambos bandos.

Respecto a la destreza militar del Libertador para conducir sus unidades de combate se han escrito muchos textos, prueba de ello son los dos libros transcritos en esta obra, uno de autoría del general colombiano Álvaro Valencia Tovar titulado El Ser Guerrero del Libertador y otro publicado por el general venezolano Eleázar López Contreras bajo el epígrafe Bolívar, conductor de tropas.

Ambas obras examinan la disposición táctica de las tropas, la conducción de las unidades de maniobra en el campo de batalla y la importancia política de cada una de ellas, pero carecen de información del día a día de la guerra y las interioridades administrativas y operacionales para el empleo de las tropas en el campo de combate, tales como métodos de envío de mensajes a otras tropas y contactos urbanos, labor de los estafetas, actividades de espionaje, unos de las patrullas de reconocimiento o inteligencia de combate, aplicación de los principios de la guerra, sistemas de reclutamiento, aportes logísticos y administrativos de las mujeres en los vivacs, manejo de personal, presencia de combatientes extranjeros y mucho más.

Quizás la capacidad de decisión de Simón Bolívar se debía a que aplicó con tesón una concepción clave escrita por Sun Tzu en El Arte de la Guerra:

“Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no deberás temer el resultado de cien batallas. Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, por cada victoria lograda también sufrirás una derrota. Si no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en todas las batallas”

Sin duda, Simón Bolívar tenía plena claridad de las capacidades y vulnerabilidades de sus tropas y de las realistas. Conocía la sicología individual y colectiva de los oficiales, suboficiales, soldados y civiles que marchaban bajo su mando, y con base en los interrogatorios a desertores realistas, los informes de los espías y los datos recaudados dentro de la población civil, el Libertador tenía el concepto preciso de la mentalidad del adversario. Todo ese bagaje de conocimientos prácticos de guerra, le permitían intuir los cursos de más probable de adopción de las tropas realistas.

El manejo detallado de la información propia y adversaria, le generó el respeto derivado de su liderazgo y la multiplicación progresiva de su imagen, hasta convertirlo en un mito entre sus contemporáneos y en un gran capitán de la historia para las generaciones posteriores.

Visto desde otro ángulo, la concepción político-estratégica de Simón Bolívar para conducir la guerra contra las tropas de la Corona española, es coincidente con el criterio de Sun Tzu:

“La guerra es de vital importancia para el Estado; es el dominio de la vida o de la muerte, el camino hacia la supervivencia o la pérdida del Imperio: es forzoso manejarla bien. No reflexionar seriamente sobre todo lo que le concierne es dar prueba de una culpa-ble indiferencia en lo que respecta a la conservación o pérdida de lo que nos es más queri-do; y ello no debe ocurrir entre nosotros”

A diferencia de la mayor parte de sus, oficiales, suboficiales y demás subalternos, incuestionablemente el Libertador se anticipó al tiempo y previó los alcances de las ejecutorias de sus soldados en el campo de batalla. Sabía que su guerra era por la supervivencia del Estado que estaba en gestación y que la derrota de las tropas españolas significaba el final de la monarquía en el hemisferio y el nacimiento de un proyecto político-administrativo que se proyectaría por siglos.

Y para lograr ese gran cometido, el liderazgo de Simón Bolívar gravitó alrededor de cinco factores a saber: doctrina, tiempo; terreno; mando; y disciplina.

Oficiales de Estado Mayor, comandantes de tropas y soldados configuraron el ejército libertador al calor de la lucha y fortalecieron la cohesión al ritmo del paso de las unidades desplegadas par ale combate por ríos, selvas, montañas, vivacs de entrenamiento, patrullas de reconocimiento del terreno, combates esporádicos, guerra de guerrillas y batallas definitivas, en muchas ocasiones, sin más arma que su coraje y sin más vestuario que un pantalón corto y un sombrero, pero con el alma henchida de fervor patriótico.

La doctrina militar de las fuerzas patriotas se centraba en fundamentar ideológicamente a los soldados en temas sensibles tales como las bondades de la república sin gobernantes que actuaran como seres supremos cuasi-divinos, y la caída de un rey lejano, a quien debían sumisión por medio de una extensa cadena de burócratas explotadores, la decisión personal para escoger a los gobernantes y la libre educación.

Quizás esas ideas tan ambiciosas como abstractas para los beneficiados sonarían extrañas a la luz de los hechos, pero el criterio de la evidencia indicaba a los reclutas que su máximo comandante era un león, un líder, una leyenda, al que no quedaba otra opción que seguir y acompañar en los combates venideros.

Los oficiales que dirigían las tropas estaban obligados a leer y estudiar sobre la marcha de los acontecimientos en las transitorias tiendas de campaña, las enseñanzas escritas que llegaban clandestinamente desde Europa, con reflexiones de los pensadores militares de la época, análisis de las campañas napoleónicas, casos puntuales de batallas decisivas y formulación de planes tácticos sobre mapas, pese a la información insuficiente acerca de los accidentes geográficos de cada región.

En cuanto al tiempo meteorológico, a la par con las publicaciones científicas de la época, la experiencia de los soldados y campesinos de cada región ayudaba a los oficiales a interpretar los cambios climáticos, que por demasiado calor o exageradas lluvias afectaban la movilidad y espíritu de combate de las tropas.

Es imprescindible resaltar la forma como el Libertador superó con sus tropas, las rudas inclemencias del tiempo durante la mayor parte de la Campaña Libertadora, como lo reseñó magistralmente para la historia, el general irlandés Florencio O´Leary, edecán personal de Simón Bolívar.

Marchar siempre a la cabeza de sus tropas y compartir las penurias con los solda-dos en campaña, sumado a esa percepción innata acerca de la conducta de sus tropas y de los campesinos y citadinos por donde pasaba, cotejados con los conocimientos de geografía militar adquiridos en las milicias de Aragua y en los múltiples textos militares y civiles que leía, ayudaron al Libertador a interpretar la condición geopolítica, geohumana y operacional militar, de las áreas por donde transitaban sus soldados o planteaban las batallas.

Pero en la guerra como todas las actividades humanas, nada es perfecto, pues por las mismas circunstancias variables de la guerra que sus unidades plantearon al ejército realista, Bolívar sufrió la amargura de la derrota en diversos escenarios tales como Puerto Cabello y La Puerta, o estuvo al borde del fracaso como sucedió en el arduo paso por los cañones del Patía, la dura batalla en el Pantano de Vargas o el sangriento combate en Bomboná, antes de entrar triunfante a Pasto, donde con argumentos políticos y religiosos, el obispo de la diócesis estimulaba la resistencia realista contra las huestes patriotas.

En lo atinente al ejercicio del mando, Simón Bolívar fue un líder militar auténtico, organizado, piramidal, objetivo y exigente, para que los estados mayores y las estructuras militares bajo su responsabilidad, actuaran en consonancia con sus órdenes e instrucciones, sin dejar a un lado la magnanimidad, el sentido humanitario y el perdón a quienes lo habían traicionado.

Aunque por circunstancias propias de la guerra, Simón Bolívar tuvo que tomar medidas extremas contra los traidores en Puerto Cabello y Pasto, la guerra a muerte contra españoles y canarios en respuesta a las tropelías realistas, en términos generales, Simón Bolívar fue un líder respetado, un caballero a carta cabal, pero sobre todo un comandante humilde en la victoria y grande frente a la derrota.

La reunión con el general argentino José de San Martín, celebrada en Lima en los albores de la independencia del Perú y Bolivia, de la cual se ha especulado mucho, debido al prudente silencio de las dos partes acerca de lo allí tratado incluida la renuncia del general San Martín para continuar luchando por la independencia peruana, rubricó con creces la dimensión del pensamiento político-estratégico del Libertador y su visión geopolítica con prominente lugar en la historia.

La forma como Simón Bolívar ejerció el comando de las tropas fue interactuante con la disciplina férrea que él y sus directos colaboradores impusieron sobre los soldados, como se puede corroborar en la copiosa correspondencia cruzada entre los comandantes de las unidades comprometidas en las campañas, verbigracia las instrucciones dadas en los vivacs para juzgar y castigar en consejos de guerra previo lleno de todas las formalidades legales, a desertores, traidores, o militares patriotas que cometieron delitos contra los objetivos supremos de la guerra.

En este sentido, resulta adecuado cotejar otro rasgo de la conducta del Libertador contra la realeza española en particular por los problemas de poder entre Carlos IV y su hijo Fernando VII y la temporal invasión napoleónica a la Península Ibérica, con lo prescrito por el estratega chino Sun Tzu acerca de los rasgos característicos de los líderes:

“Cuando el ejército está estrictamente disciplinado, hasta el punto en que los sol-dados morirían antes que desobedecer las órdenes, y las recompensas y los castigos merecen confianza y están bien establecidos, cuando los jefes y oficiales son capaces de actuar de esta forma, pueden vencer a un Príncipe enemigo corrupto. Con astucia este general se puede anticipar y lograr que los adversarios se convenzan a sí mismos cómo proceder y moverse; les ayuda a caminar por el camino que les traza. Hace moverse a los enemigos con la perspectiva del triunfo, para que caigan en la emboscada”.

“Los buenos guerreros buscan la efectividad en la batalla a partir de la fuerza del ímpetu (percepción) y no dependen sólo de la fuerza de sus soldados. Son capaces de escoger a la mejor gente, desplegarlos adecuadamente y dejar que la fuerza del ímpetu logre sus objetivos”.

“Cuando hay entusiasmo, convicción, orden, organización, recursos, compromiso de los soldados, tienes la fuerza del ímpetu, y el tímido es valeroso. Así es posible asignar a los soldados por sus capacidades, habilidades y encomendarle deberes y responsabilidades adecuadas. El valiente puede luchar, el cuidadoso puede hacer de centinela, y el inteligente puede estudiar, analizar y comunicar. Cada quien es útil”

“Hacer que los soldados luchen permitiendo que la fuerza del ímpetu haga su trabajo es como hacer rodar rocas. Las rocas permanecen inmóviles cuando están en un lugar plano, pero ruedan en un plano inclinado; se quedan fijas cuando son cuadradas, pero giran si son redondas. Por lo tanto, cuando se conduce a los hombres a la batalla con astucia, el impulso es como rocas redondas que se precipitan montaña abajo: ésta es la fuerza que produce la victoria”

Pero además es importante resaltar que con su conducta y permanente hiperactividad, contraria a muchas mentalidades de su época y entorno, el predestinado guerrero encajaba con la concepción avanzada de Sun Tzu:

“Cada ruta debe ser estudiada para que sea la mejor. Hay rutas que no debes usar, ejércitos que no han de ser atacados, ciudades que no deben ser rodeadas, terrenos sobre los que no se debe combatir, y órdenes de gobernantes civiles que no deben ser obedecidas”.

Su rebeldía contra el mediocre general francés Labatut encargado de la seguridad de la recién independizada Plaza de Cartagena y contra las instrucciones temerosas del gobernador Manuel del Castillo, o la impensada decisión de entregar a Miranda a los españoles, son hechos trascendentales que corroboran esa percepción.

En ese orden de ideas, para evaluar la conducta de Simón Bolívar en el ejercicio del mando, hace 25 siglos Sun Tzu planteó siete condiciones o factores esenciales para que un general pueda ser victorioso, admirado y respetado por las tropas y por sus conciudadanos.

Quizás sin haber leído las reflexiones del sabio militar chino, Simón Bolívar las aplicó en el responsable ejercicio de comandar a sus tropas.

1. ¿Qué dirigente es más sabio y capaz?

2. ¿Qué comandante posee el mayor talento?

3. ¿Qué ejército obtiene ventajas de la naturaleza y el terreno?

4. ¿En qué ejército se observan mejor las regulaciones y las instrucciones?

5. ¿Qué tropas son más fuertes?

6. ¿Cuál ejército tiene oficiales y tropas mejor entrenadas?

7. ¿Cuál ejército administra recompensas y castigos de forma más justa?

Respecto a la primera condición ¿Qué dirigente es más sabio y capaz?, en uno de los momentos más agobiantes de su meteórica existencia, cuando se encontraba en Bucaramanga a la espera de los resultados de la agitada Convención de Ocaña en 1828, el Libertador comentó muchos de sus puntos de vista al coronel francés Luis Perú De La Croix acerca de quién era quién entre sus generales, y hasta donde llegaban las capacidades, lealtades y ejecutorias de cada uno de ellos.

En relación con el segundo punto ¿Qué comandante posee el mayor talento?, fue-ron múltiples las ocasiones en el campo de batalla en que el Libertador dispuso que alguno de sus hombres actuara de manera decisiva, verbigracia como ocurrió en el Pantano de Vargas cuando ordenó a Rondón salvar la patria, o en Bomboná cuando perdonó el error del general Pedro León Torres y lo motivó a conducir sus tropas a la victoria, en una de las batallas más decisivas de la campaña del sur.

Pero quizás la mayor demostración de habilidad para escoger al hombre indicado en el momento preciso, fue cuando suspendido del ejercicio del mando de las tropas en combate como consecuencia de las envidias estimuladas desde Bogotá por los santanderistas, el Libertador confió el mando de las tropas patriotas a los generales Antonio José de Sucre y José María Córdova, quienes en cumplimiento milimétrico de sus órdenes e instrucciones, llenaron de gloria al ejército libertador y sellaron la libertad de medio continente americano.

En torno al factor, ¿Qué ejército obtiene ventajas de la naturaleza y el terreno?, el Libertador demostró en la decisiva batalla de Boyacá, frente al coronel José María Barreiro un experimentado militar español, que la guerra es el arte del engaño y que la maniobra táctica en el terreno con tropas de infantería inspiradas en el liderazgo escalonado de sus comandantes y el dispositivo metódico, garantizan ventajas a quien las aplica, sin importar el arrojo o la calidad del armamento del adversario.

Frente a la pregunta ¿En qué ejército se observan mejor las regulaciones y las instrucciones?, el Libertador fue muy hábil, receptivo e intuitivo para recibir, procesar y evaluar la información táctica, logística, sicológica y operacional que recibía acerca del poder relativo de combate realista, que era muy disciplinado, estaba mejor uniformado, mejor dotado de armamento y mejor alimentado que las tropas patriotas, además que tenía excelente moral de combate.

Sin embargo, las penurias soportadas durante las prolongadas marchas, el ejemplo de los comandantes de las unidades subalternas y la presencia permanente de Bolívar en todas las instancias de la guerra, incidieron en que con menos recursos, menos experiencia pero más dedicación y habilidad innata de campesinos para maniobrar en el terreno, los soldados realistas sucumbieran en las decisivas batallas del Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá en 1819.

Estas dos batallas fueron éxitos tácticos de enormes connotaciones político-estratégicas, que a la vez configuraron referentes definitivos, para lo que luego sucedió en Carabobo, Maracaibo, Bomboná, Pichincha, Junín y Ayacucho.

Si se evalúa el factor ¿Qué tropas son más fuertes? frente a la conducta estratégica operacional militar del Libertador, es obvio inferir, que la personalidad agresiva en términos castrenses de maniobra y proactiva frente a las dificultades, coadyuvaron a que las tropas libertadoras no se sintieran inferiores a los realistas, sino que fueron a los campos de batalla, a las patrullas de reconocimiento, a los observatorios y puestos de escucha, o a las posiciones de combate, con la firme convicción que la victoria estaba de su lado.

Es en este sentido, fue alrededor de lo que después los académicos denominaron factores intangibles del poder relativo de combate, que el Libertador intuía en cada batalla cuál de los dos ejércitos era más fuerte.

Igual regla podría aplicar para asimilar la pregunta-factor ¿Cuál ejército tiene oficiales y tropas mejor entrenadas?, frente a los rasgos del liderazgo estratégico de Simón Bolívar, por la siguiente razón:

Según Sun Tzu, las reglas militares son cinco: “medición, valoración, cálculo, comparación y victoria. El terreno da lugar a las mediciones, éstas dan lugar a las valoraciones, las valoraciones a los cálculos, éstos a las comparaciones, y las comparaciones dan lugar a las victorias”.

“Mediante las comparaciones de las dimensiones puedes conocer dónde se haya la victoria o la derrota. En consecuencia, un ejército victorioso es como un kilo comparado con un gramo; un ejército derrotado es como un gramo comparado con un kilo”.

La explicación a esta ventaja de las tropas libertadoras frente a las realistas, podría explicarse en la acertada explotación dada por los patriotas a la permanente exigencia para supervivir, derivada de la escasez de recursos logísticos para enfrentar al adversario, que estaba dotado con mejor equipamiento militar.

En torno a ¿Cuál ejército administra recompensas y castigos de forma más justa?, las medidas disciplinarias y penales, para conservar la disciplina y la ley eran igual de exigentes en ambos bandos, pero la magnanimidad del Libertador siempre fue un rasgo resaltante que estimuló mayor lealtad dentro de sus subalternos con lógico incremento del espíritu de cuerpo.

Por esa misma razón, en respuesta a las traiciones políticas como la sucedida la noche del 25 de septiembre de 1828, cuando los santanderistas intentaron asesinar al Libertador en Bogotá, los soldados que lo rescataron debajo del puente de la quebrada El Carmen y quienes lo recibieron en la Plaza Mayor, expresaron hilaridad colectiva al verlo regresar sano y salvo.

Algo similar o superior al jolgorio que le exteriorizaron los habitantes de Lima, Guayaquil, Bogotá, Quito, Mérida, Caracas, Cali, Popayán, La Paz y todos los pueblos por donde pasaba.

Como se infiere del breve análisis de los siete factores descritos en el liderazgo ideal de los generales victoriosos en la guerra, en el caso de Simón Bolívar calzan a la perfección otras conclusiones de Sun Tzu descritas en los capítulos III y IV del Arte de la Guerra:

“Antiguamente, los guerreros expertos se hacían a sí mismos invencibles en primer lugar, y después aguardaban para descubrir la vulnerabilidad de sus adversarios. Hacerte invencible significa conocerte a ti mismo; aguardar para descubrir la vulnerabilidad del adversario significa conocer a los demás. La invencibilidad está en uno mismo, la vulnerabilidad en el adversario. Por esto, los guerreros expertos pueden ser invencibles, pero no pueden hacer que sus adversarios sean vulnerables. Si los adversarios no tienen orden de batalla sobre el que informarse, ni negligencias o fallos de los que aprovecharse, ¿cómo puedes vencerlos aunque estén bien pertrechados?”

“Por esto es por lo que se dice que la victoria puede ser percibida, pero no fabricada. La invencibilidad es una cuestión de defensa, la vulnerabilidad, una cuestión de ataque”

La fiebre tropical que asedió al Libertador en Casacoima después del fallido atentado realista contra su vida y la épica reacción frente Joaquín Mosquera en Pativilca, Perú cuando al borde de la muerte por enfermedad incurable, expreso a todo pulmón que su deseo era triunfar, pues para su interior y para la historia de la humanidad ya había subido al Chimborazo a hablar con Dios, fueron episodios sensacionales de la vida del hombre más grande que haya parido el hemisferio americano.

Es indudable que esas tres reacciones frente a la adversidad se ajustan a lo que Sun Tzu concibió como:

“En situaciones de defensa, acalláis las voces y borráis las huellas, escondidos como fantasmas y espíritus bajo tierra, invisibles para todo el mundo. En situaciones de ataque, vuestro movimiento es rápido y vuestro grito fulgurante, veloz como el trueno y el relámpago, para los que no se puede uno preparar, aunque vengan del cielo”

“Prever la victoria cuando cualquiera la puede conocer no constituye verdadera destreza. Todo el mundo elogia la victoria ganada en batalla, pero esa victoria no es real-mente tan buena”.

“Todo el mundo elogia la victoria en la batalla, pero lo verdaderamente deseable es poder ver el mundo de lo sutil y darte cuenta del mundo de lo oculto, hasta el punto de ser capaz de alcanzar la victoria donde no existe forma”.

El audaz Armisticio en Santa Ana con el general español Pablo Morillo, mediante el cual Simón Bolívar obligó al Imperio español a regularizar la guerra y obtener reconocimiento de las potencias europeas y de Estados Unidos como nación independiente corroboró la dimensión político-estratégica y los alcances futuristas de la visión futurista del Libertador, para quien la estrategia iba atada a los objetivos supremos de la guerra que libraban sus unidades de combate y apoyaban millones de criollos, afrodescendientes, indígenas nativos y europeos favorables al trascendental cambio político administrativo de las antiguas colonias españolas:

Así lo corroboran las enseñanzas de Sun Tzu, encajadas con la personalidad de Simón Bolívar:

“En consecuencia, las victorias de los buenos guerreros no destacan por su inteligencia o su bravura. Así pues, las victorias que ganan en batalla no son debidas a la suerte. Sus victorias no son casualidades, sino que son debidas a haberse situado previamente en posición de poder ganar con seguridad, imponiéndose sobre los que ya han perdido de antemano. En consecuencia, un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después.

Esta es la diferencia entre los que tienen estrategia y los que no tienen planes premedita-dos”

Las cargas sorpresivas y poderosas cargas de caballería en las llanuras de Venezuela, en la desigual batalla del Pantano de Vargas, y en el campo de batalla de Junín en la antesala de la libertad del Perú, coinciden a plenitud con otra prescripción de Sun Tzu acerca del poder físico y sicológico de las unidades de maniobra en el momento decisivo de las operaciones ofensivas, luego de haber superado las fases de movimiento hacia el contacto y el reconocimiento en fuerza, para pasar al ataque coordinado, la explotación del éxito y la persecución insaciable del enemigo sorprendido, desmoralizado y desorganizado como ocurrió en Boyacá y Ayacucho.

Sun Tzu había predicho al respecto:

“Sírvete de una unidad especial para engañar al enemigo atrayéndole a una falsa persecución, haciéndole creer que el grueso de tus fuerzas está muy lejos; entonces, lanzas una fuerza de ataque sorpresa que llega antes, aunque emprendió el camino después. Por consiguiente, la lucha armada puede ser provechosa y puede ser peligrosa. Para el experto es provechosa, para el inexperto, peligrosa”

“En consecuencia, los generales que conocen las variables posibles para aprovecharse del terreno sabe cómo manejar las fuerzas armadas. Si los generales no saben cómo adaptarse de manera ventajosa, aunque conozcan la condición del terreno, no pueden aprovecharse de él”.

“Si están al mando de ejércitos, pero ignoran las artes de la total adaptabilidad, aunque conozcan el objetivo a lograr, no pueden hacer que los soldados luchen por él”.

La intuición geopolítica de Bolívar estructurada en el deber ser político administrativo de su soñada integración hispanoamericana, lo diferenciaron como estadista y estratega en comparación con los generales que lo acompañaban. Esto también lo predijo Sun Tzu cuando afirmó:

“Si eres capaz de ajustar la campaña cambiar conforme al ímpetu de las fuerzas, entonces la ventaja no cambia, y los únicos que son perjudicados son los enemigos. Por esta razón, no existe una estructura permanente. Si puedes comprender totalmente este principio, puedes hacer que los soldados actúen en la mejor forma posible”.

“Por lo tanto, las consideraciones de la persona inteligente siempre incluyen el analizar objetivamente el beneficio y el daño. Cuando considera el beneficio, su acción se expande; cuando considera el daño, sus problemas pueden resolverse”.

“El beneficio y el daño son interdependientes, y los sabios los tienen en cuenta. Por ello, lo que retiene a los adversarios es el daño, lo que les mantiene ocupados es la acción, y lo que les motiva es el beneficio”.

“Cansa a los enemigos manteniéndolos ocupados y no dejándoles respirar. Pero antes de lograrlo, tienes que realizar previamente tu propia labor. Esa labor consiste en desarrollar un ejército fuerte, un pueblo próspero, una sociedad armoniosa y una manera ordenada de vivir”.




SIMON BOLÍVAR Y LOS PRINCIPIOS DE LA GUERRA

Con algunas variaciones para denominarlos, en términos generales, la doctrina militar universal coincide en la formulación de los principios de la guerra para configurar la ciencia denominada estrategia. Para el efecto se han determinado como principios básicos de la guerra:

1. Objetivo

2. Masa

3. Economía de Fuerzas

4. Unidad de mando

5. Maniobra

6. Ofensiva

7. Seguridad

8. Sencillez

9. Sorpresa

10. Apoyo de la Población civil


1. El Objetivo es el principio fundamental. Un ejército combate en una guerra con el fin de conquistar metas decisivas, mediante la destrucción del adversario o de su voluntad para combatir, mediante la neutralización de su estrategia.

Cuando Simón Bolívar sacrificó su fortuna, para entregarse de lleno a la causa de la independencia de las colonias españolas, trazó para él y para las tropas que lo secundaban, el objetivo supremo de derrotar al Imperio español para instaurar un sistema republicano liberal y democrático en suelo americano.

Los alcances de sus objetivos no se limitaban a un terreno pequeño o determinado por accidentes geográficos en apariencia insondables. Su visión estratégica apuntaba a la construcción de una forma de gobierno con igualdad ante la ley de todos los hombres, incluida la libertad de los esclavos, sin detenerse ante las presiones de los propietarios de las haciendas, los comerciantes y las familias de abolengo que siempre se han creído predestinadas para gobernar los países hispanoamericanos.

2. La Masa, es la concepción estratégica para aplicar en forma superior el poder integral de combate en el lugar decisivo y en el momento oportuno. El poder de combate incluye elementos tangibles e intangibles. Incluye la combinación articulada de los componentes de Inteligencia, Comando y Control, Apoyo de Servicios para el Combate, Comunicaciones, Apoyo de Combate y unidades de maniobra.

Dentro del principio de la Masa entran consideración los criterios de fuego y maniobra, alrededor de la movilidad, el apoyo de fuego de artillería, aerotáctico, morteros, ametralladoras y armas antitanques; movilidad en torno al objetivo; adaptabilidad a los cambios repentinos de las condiciones de la guerra; y capacidad para operar de manera sostenida durante el tiempo necesario que exija la dinámica de las operaciones.

A los elementos tangibles se suman los intangibles, aquellos que estimulan la moral combativa, la disciplina, el nivel de entrenamiento, el liderazgo de los comandantes intermedios y el espíritu corporativo de las unidades desde escuadra hasta ejércitos.

Vistas las campañas militares dirigidas por Simón Bolívar en la Gran Colombia y el Perú, la masa fue fundamental para ganar la guerra. Mediante decretos de reclutamiento inmediato llenó sus filas de hombres listos para el combate, quienes fueron entrenados en asuntos militares al ritmo de las operaciones, mientras que las redes de apoyo clandestino en Hispanoamérica y Europa, consiguieron las armas, los pertrechos, los uniformes y los demás apoyos logísticos para la guerra.

Además, el Libertador fue muy acucioso en los detalles de inteligencia militar, co-mo lo demostró en el aprestamiento para la batalla de Junín cuando ordenó fabricar lanzas más largas de las que usaban los realistas y dispuso el entrenamiento de las tropas de caballería con este tipo de arma. Así cuando sucedió la batalla, las tropas patriotas podían herir con las lanzas a los jinetes o infantes realistas, sin que estos pudieran alcanzar los cuerpos o los caballos de sus adversarios que los mantenían alejados, debido a la ventaja de mayor longitud de las lanzas.

En Boyacá, Pichincha, Carabobo y Ayacucho, por citar algunas de las batallas decisivas para la independencia de América, el genio estratégico de Bolívar ratificó el empleo acertado de la masa en el momento oportuno y el lugar decisivo. Las cargas de caballería e infantería para conducir el ataque coordinado y pasar a la explotación del éxito y la persecución efectiva. Las numerosas capturas de altos oficiales realistas en Boyacá y Ayacucho, quienes se rindieron con casi todas sus tropas ante las crecidas tropas patriotas, son episodios de la historia militar universal sobre los cuales hace falta profundizar más.

3. La Economía de Fuerzas. Es el principio relacionado con la concepción estratégica y táctica para formular los dispositivos en el la carta de situación y lograr la maniobrabilidad de las tropas en el terreno sin desgastar a los hombres ni despilfarrar los recursos, con base en la máxima Todo o casi todo al objetivo principal y nada o casi nada a los objetivos secundarios.

Las difíciles y desiguales condiciones en las que Simón Bolívar debió conducir la guerra, lo forzaron ser creativo, flexible, receptivo y a decidir permanentemente en todos los asuntos de la guerra, sin perder de vista todos los detalles que coadyuvaran a mantener el pie de fuerza, conseguir recursos logísticos y difundir el ideario por medio de mensajeros, proclamas, discursos, y documentos de construcción política. Los archivos que se conservan de sus dictados lo confirman con creces.

4. La Unidad de mando: para que un ejército sea exitoso se requiere que su estructura organizacional se rija por líneas de mando monolíticas, disciplinadas y jerarquizadas. Y en el caso de ejércitos revolucionarios para evitar caudillos disidentes, se requieren medidas fuertes y en algunos casos extremos, como en efecto tuvo que proceder Simón Bolívar contra Piar. La habilidad conciliadora de Simón Bolívar le permitió emplear la capacidad guerrera de Páez, Bermúdez, Montilla y Urdaneta, quienes suplían su limitada visión estratégica con arrojo en el campo de batalla y amplia tendencia a desconocer la preminencia del espíritu republicano sobre el caudillismo.

En este sentido, es importante resaltar que aún la historia y la academia investigativa adeudan profundizar en estos rasgos de liderazgo y del carisma del Libertador, para conseguir el propósito de que personas con pensamientos y rasgos culturales tan diferentes, sin Dios y con poca ley, se sometieran a los dictados de un solo hombre, que además carecía de intereses personales, porque encarnaba los intereses supremos de la revolución de este hemisferio contra la Corona española.

5. La Maniobra, es la disposición táctica o estratégica de las fuerzas y los apoyos de fuego para obtener ventajas militares respecto al enemigo. La maniobra proporciona la masificación del Poder de Combate en el lugar y tiempo decisivo para lograr la destrucción del enemigo.

Como se ha reiterado a lo largo d este escrito, el éxito militar de Simón Bolívar radicó en la agilidad mental con que leyó el esquema de maniobra del adversario y la respuesta táctica y estratégica que dio con sus tropas en el campo de batalla. La historia de cada uno de los combates en que salió airoso así lo confirma, sumado a su habilidad innata para combinar acciones de guerra regular con incursiones persistentes de guerrillas y patrullas de combate sobre las posiciones realistas.

6. La Ofensiva: Si Napoleón Bonaparte aseguró que la guerra es un arte sencillo y sobre todo ejecución, con hechos Simón Bolívar corroboró en el campo de batalla y fuera de él, que un proceso revolucionario independentista como el que sus tropas desataron contra los realistas, exige iniciativa y asedio permanentes contras las posiciones enemigas para impedirles reorganizarse y de manera sistemática conducirlos a combatir en el lugar desfavorable.

Por estas razones las acciones militares de Bolívar siempre iban en pos de objetivos políticos, siempre encaminados a derrotar las tropas del monarca Fernando VII. Entretanto sus enviados a las áreas urbanas, trabajaban en la construcción de redes político-logísticas de apoyo constante a las tropas formales y las guerrillas patriotas que actuaban en todo el territorio contra los relistas.

7. La Seguridad. El principio de seguridad sostiene la preservación de la sorpresa táctica y estratégica, pero además está intrínsecamente relacionado con la Ofensiva. Por razones elementales, la seguridad se mantiene la libertad de acción debido a que motiva el aprestamiento permanente para el combate y la necesidad de activar la contrainteligencia para proteger el personal, el contraespionaje para proteger los documentos y la ofensiva para evitar los ataques inesperados del adversario. Implica coordinar maniobra, aprovechamiento del terreno y medidas preventivas constantes.

Los hechos historiados acerca de las campañas militares encabezadas por simón Bolívar infieren que la necesidad persistente de atacar al adversario para minimizar su capacidad ofensiva, obligaron al libertador a asumir la iniciativa, atacar persistente, buscar los puntos débiles del dispositivo realista y sobre todo buscar su resquebrajamiento político.

8. La Sencillez, además de ser un obvio principio de la guerra para facilitar la comunicación y la interacción de comandantes y tropas en todos los niveles, esta debe ser una cualidad de los comandantes de las tropas, para emitir las órdenes de operaciones con claridad y sin complejidades. La sencillez se logra mediante la preparación y emisión de planes concisos y claros y órdenes precisas que facilitan la ejecución descentralizada.

Con sobradas pruebas históricas, es demostrable la conducta sencilla del Libertador Simón Bolívar para simplificar las misiones de los escalones subalternos y conducir sus tropas al logro sistemático de las metas intermedias, hasta alcanzar el objetivo final.

Su personalidad cálida y receptiva, así como su cercanía permanente con las tropas y los pobladores civiles, aunadas a la lectura y al permanente intercambio de correspondencia civil y militar con todos sus contactos, hacían de Simón Bolívar un hombre muy bien informado de lo que sucedía en su entorno inmediato y en el resto del planeta.

Tener tanta información disponible y conocer a fondo a todos sus subalternos in-mediatos, le permitían diseñar mapas claros de cada situación y tomar decisiones concretas que se traducían en órdenes claras expresadas con sencillez y mucha profundidad, lo que redundaba en operaciones ágiles, fáciles de coordinar pero sobre todo atadas a la columna vertebral de su plan general de guerra.

9. La Sorpresa. En términos militares se aduce que la sorpresa reduce o anula la capacidad del adversario y vulnera sus medidas de seguridad. En ese orden de ideas, la sorpresa implica golpear al enemigo en el momento y lugar menos esperados por este, pues se le ataca de la manera para la cual no estaba preparado.

En igual proporción que la creatividad y el arrojo, contribuyen al principio de la sor-presa en la guerra, las medidas de seguridad en la manipulación de los planes, las actividades de contrainteligencia, las acciones de guerras sicológica, ocultar los movimientos y puntos fuertes, desarrollar fintas y demostraciones engañosas de fuerza en un lado para atacar por otro, y la rapidez de los movimientos tácticos de las unidades de maniobra y de apoyo de combate.

Vistas en detalle las batallas en que las tropas comandadas por Simón Bolívar derrota-ron a las fuerzas realistas, se evidencia que el manejo adecuado del factor sorpresa fue clave en su accionar. Por ejemplo, durante la campaña del Bajo Magdalena, guarnición tras guarnición realista cayeron en sus manos, sin que los curtidos militares españoles tuvieran tiempo de preparar la defensa o lanzar contraataques exitosos.

Ni siquiera les dio tiempo para lanzar ataques de desarticulación. Algo similar ocurrió en la batalla de Boyacá, donde sorprendido por la ágil maniobra de infantería y caballería patriotas, el coronel español José María Barreiro se vio forzado a aceptar la batalla en un terreno que le era desfavorable y con un dispositivo bloqueado de antemano por la forma habilidosa y rápida como el Libertador desplegó sus unidades de combate.

10. El apoyo de la población civil: A partir de las guerras napoleónicas, cuando surgió con mayor claridad el concepto de la guerra total, los estrategas militares y los analistas políticos comenzaron a considerar dentro de los principios de la ciencia de la guerra, el tema del apoyo de la población civil, para conquistar almas y corazones.

Esta realidad se hizo más evidente en las revoluciones hispanoamericanas contra corona española, pues conspirar contra los funcionarios reales un complemento esencial para apoyar las tropas patriotas en el campo de batalla.

Y como revolucionario auténtico que desarrollaba la guerra como un medio para lograr el fin político de derrocar a la monarquía e imponer un gobierno nuevo basado en preceptos republicanos, Simón Bolívar ganó a su favor, las almas y los corazones de los habitantes de todas las comarcas pro donde pasó el ejército libertador


*****

En síntesis, la aplicación de los principios de la guerra por parte de Simón Bolívar, coincide con los planteamientos teóricos del mariscal alemán Karl Von Clausewitz estipulados en su libro titulado De la guerra, el cual no fue leído por el Libertador, pero es texto de consulta obligatoria en múltiples academias militares del mundo:

“La guerra constituye, por tanto, un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad. La fuerza, para enfrentarse a la fuerza, recurre a las creaciones del arte y de la ciencia. Se acompañan éstas de restricciones insignificantes, que apenas merecen ser mencionadas, las cuales se imponen por sí mismas bajo el nombre de usos del derecho de gentes, pero que en realidad no debilitan su poder”.

“La fuerza, es decir, la fuerza física (porque no existe una fuerza moral fuera de los conceptos de ley y de Estado) constituye así el medio; imponer nuestra voluntad al enemigo es el objetivo. Para estar seguros de alcanzar este objetivo tenemos que desarmar al enemigo, y este desarme constituye, por definición, el propósito específico de la acción militar: reemplaza al objetivo y en cierto sentido prescinde de él como si no formara parte de la propia guerra”

“El propósito político es el objetivo, mientras que la guerra constituye el medio, y nunca el medio cabe ser pensado como desposeído de objetivo”

“Así, la destrucción de las fuerzas del enemigo constituye la piedra fundamental de todas las combinaciones que descansan sobré la actividad bélica, al igual que el arco descansa sobre sus pilares. En consecuencia, todas las acciones se llevan a cabo sobre la base de que, si la decisión por la fuerza de las armas hubiera de tener una traducción en los hechos, habría de ser una decisión favorable”.

“En la guerra, la decisión por las armas equivale, tanto en las operaciones grandes como en las pequeñas, al pago al contado en las transacciones comerciales. Por remotas que sean estas relaciones, por más que las liquidaciones rara vez se produzcan, al final tienen que realizarse”

“Si la decisión por la fuerza de las armas se halla en la base de todas las combinaciones posibles, resulta que nuestro oponente podrá hacer impracticable cualquiera de ellas, no sólo mediante una decisión semejante a la que atañe directamente a nuestra combinación, sino también a través de cualquier otra, siempre que ésta tenga suficiente entidad”





EL SER GUERRERO DEL LIBERTADOR


ALVARO VALENCIA TOVAR


OBRA GANADORA DEL CONCURSO SOBRE EL LIBERTADOR ABIERTO POR LA SOCIEDAD BOLIVARIANA DE COLOMBIA EN 1976

BOGOTÁ D.E. 1983


El general Álvaro Valencia Tovar fue un distinguido oficial de infantería, que al final de su brillante carrera ocupó el cargo de Comandante del Ejército Nacional y luego se dedicó por completo a la docencia, a la investigación académica y a plasmar en textos de su autoría algunos aspectos de la historia colombiana.

Historiador, analista de fenómenos políticos y militares, el general Valencia Tovar escribió varios libros y muchos artículos de opinión que fueron en diversos medios de comunicación.

Por su talante intelectual, su profundidad académica y sus amplios conocimientos de historia colombiana fue miembro correspondiente y de número de diversas academias, conferenciante invitado en universidades e instituciones de varios países y respetado analista en temas relacionados con sus especialidades.




INTRODUCCIÓN

Contemplar la trayectoria humana de Simón Bolívar y sumirse en las profundidades de su vida, densa como ninguna en oscilaciones que van pendularmente del éxito al fracaso, es advertir como el hombre traza su biografía a tajos de espada, que le abren el camino hacia los mármoles y el bronce.

Su espíritu hoguera crepitante en inextinguible combustión se muestra como poliedro de espejos al ser herido por la luz. Cada faceta es un destello. Difícil hallar la de mayor luminosidad. Hay allí el forjador de naciones, el estadista, el militar, el revolucionario, el conductor de ejércitos, el jurista, el gobernante, el constitucionalista, el vidente que se anticipa a su época en colosal delirio que abarca un continente.

Sin embargo Bolívar es, antes que nada, producto y consecuencia de la guerra. Quince de sus cuarenta y siete años transcurren en medio de las armas, estremecidos por su estruendo y sus destructores efectos. Guiando ejércitos por las soledades de páramos y llanuras, de extensiones selváticas o desérticas. Luchando siempre. Enfrentando a la adversidad que parece sino invencible, hasta que su empecinamiento acaba por imponerse al infortunio.

Bolívar construye su historia a lomo de un caballo de guerra, que cubre a paso nervioso la dimensión de medio continente. Todo en esa historia es combate intenso, tenaz, insomne, por arrancar de los poderes dominantes a una patria y asentarla sobre la tierra hostil.

El áspero camino es violento batallar. Hay instantes en que el tropel de fuerzas desatadas contra las cuales libra duelo de gigantes, dibuja pasmoso contraste entre la fragilidad de su ser enjuto y la potencia del huracán que descuaja hombres y destruye ejércitos.

Es entonces cuando Bolívar es llevado a empellones, deshechos los sueños y rota la espada, al fondo tenebroso de la derrota. Los desastres se suceden en su existencia de luchador, con pertinacia que sería capaz de aniquilar cualquier empeño y someter la más arriscada voluntad.

No así la suya. No se entrega. No se somete. No sucumbe. Había jurado sobre las ruinas eternas de Roma Imperial algo que desde entonces, más que propósito, fue decisión suprema. Sobre el Monte Sacro pronuncia un voto que compromete la existencia del jovenzuelo inmaduro y andariego, vástago afortunado y displicente del poder hereditario, con la más gigantesca empresa que podría presentarse a un hombre de su tiempo. Ese reto formidable es producto de un instante iluminado. Apenas inicia su peregrinación por la vida y ya ha de acompasarla con la cadencia de la guerra. Crueles desgarraduras irán endureciendo su ánimo y templando su voluntad. Cada derrota se traducirá en renovado empeño.


Continue reading this ebook at Smashwords.
Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-39 show above.)