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DIARIO DE BUCARAMANGA

Coronel Luis Perú de la Croix





Ediciones Luis Alberto Villamarín Pulido

www.luisvillamarin.com













Diario de Bucaramanga

Coronel Luis Perú Delacroix

Primera Edición,

Efemérides Colombianas sobre Venezuela, Colombia, Ecuador,

Imprenta de Walder, Calle Bonaparte, 44 París, 1869.

Segunda Edición,

Vida Pública y Privada del Libertador Simón Bolívar, Paul Ollendorff, París 1912

Edición actualizada noviembre de 2015.

© Ediciones Luis Alberto Villamarín Pulido

www.luisvillamarin.com

Tel 9082624010

New York City, USA

www.luisvillamarin.com

ISBN 9781370255016

Smashwords Inc.





INDICE

Biografía del Autor

Nota del Editor

Año de 1828

1º de Abril

2 de abril

3 de abril

4 de abril

2 de mayo

3 de mayo

4 de mayo

5 de mayo

6 de mayo

7 de mayo

8 de mayo

9 de mayo

10 de mayo

11 de mayo

12 de mayo

13 de mayo

14 de mayo

15 de mayo

16 de mayo

17 de mayo

18 de mayo

19 de mayo

20 de mayo

21 de mayo

22 de mayo

23 de mayo

24 de mayo

25 de mayo

26 de mayo

27 de mayo

28 de mayo

Retrato Moral del Libertador

29 de mayo

30 de mayo

1 de junio

2 de junio

3 de junio

4 de junio

5 de junio

6 de junio

7 de junio

8 de junio

9 de junio

10 de junio

14 de junio

18 de junio

22 de junio

26 de junio





Biografía del Autor

Jean Louis Michel Perú de Lacroix más conocido como Luis Perú de Lacroix fue un militar francés que combatió en el ejército de Napoleón I en Europa y en el de Simón Bolívar en Suramérica. Nació el 14 de septiembre de 1780 en Montélimar, Francia y murió en París en 1837. Estudió en una escuela militar en Brienne-le-Château y luego fue admitido en la École Royale Militaire de París.

Combatió en el ejército de Napoleón I y Joachim Murat y participó en la campaña contra Rusia de 1812. En Inglaterra asumió el apellido aristocrático Lacroix con el fin de hacerse amigo del Duque de Wellington y espiar los planes de Luis XVIII.

En 1814 dejó Europa para radicarse en la Nueva Granada. El también francés corsario Luis Aury, quien se había puesto al servicio de los independentistas hispanoamericanos en el Mar Caribe lo nombró secretario privado, lo que le abrió la vía para incorporarse a los ejércitos neogranadinos y venezolanos en contra de España en 1816.

Tras la muerte de Aury en 1821, Perú de Lacroix incidió para que su sucesor Courtois tomara parte en las revoluciones en Cartagena de Indias en 1823 y de esta manera Perú de Lacroix hizo parte del Estado Mayor del ejército de Simón Bolívar, a cuyo lado estuvo en Bucaramanga en 1828 durante casi tres meses en que bolivarianos y santanderistas sesionaron en la Convención de Ocaña, en el fallido intento de unificar criterios políticos para trazar el futuro político de la Gran Colombia.

Allí, Perú Delacroix escribió "El Diario de Bucaramanga" fuente de información con algunas imprecisiones derivadas de la vanidad del autor, que sin embargo, son útiles para los historiadores acerca de la vida Bolívar.

En 1829 el coronel Perú Delacroix fue nombrado Comandante General del departamento de Boyacá y después la muerte del Libertador en 1830 ascendido a General de Brigada, pero los convulsos acontecimientos políticos que siguieron, cambiaron su suerte, razón por la que fue de-gradado a coronel por persecución insaciable de José maría Obando y deportado a las Antillas.

En 1835, Perú de Lacroix regresó a Venezuela para unirse a Pedro Carujo en la Revolución de las Reformas (1835-1836) que pretendían la reconstitución de la Gran Colombia y la instauración del federalismo gubernamental. Con la derrota definitiva y la muerte de Carujo, Perú De Lacroix fue expulsado de Venezuela. Sin otra opción regresó a Francia, donde escribió otros documentos históricos, pero decepcionado de su fracaso en la vida, se suicidó después de dejar este mensaje escrito:

“Cincuenta y siete años, una nueva caída política, separado de mi mujer y de mis hijos hace seis años, sin esperanzas de reunirme a ellos, sin fortuna, sin estado”

“La realidad de la miseria ya presente, y la perspectiva de sus inseparables compañeras, la humillación y la ignominia, son los motivos que me determinan a abreviar mis días, convencido, por otra parte, de que hay más valor en darse la muerte que en dejarse degradar...”

Nota del Editor

La recién fundada república de La Gran Colombia recibió el año de 1828, azotada por tormentas y tempestades políticas derivadas de inquinas, intrigas, estrecheces mentales, miopías egocéntricas, ambiciones separatistas, presiones clandestinas de Inglaterra, Francia y España para retornar a la monarquía y deseos de algunos granadinos encabezados por Francisco de Paula Santander, de asesinar al Libertador, a quien denominaban tirano, debido a su interés de aplicar en la Gran Colombia la Constitución Boliviana, con la que cimentó su última república en el Alto Perú.

La borrasca política indujo a santanderistas y bolivarianos, los dos bandos en que se dividieron los dirigentes políticos del momento, a convocar una convención constitucional con delegados de todas las regiones, con el fin de redactar una nueva carta magna que satisficiera los intereses de ambas facciones.

Por ética el Libertador-Presidente se alejó de los convencionistas reunidos en Ocaña y para tener contacto con sus copartidarios vía mensajeros, se instaló en la casa de Eloy Valenzuela en Bucaramanga. El coronel francés Luis Perú Delacroix, un militar europeo que se unió a las fuerzas patriotas en la guerra de independencia contra España, permaneció en Bucaramanga durante casi tres meses al lado del general Simón Bolívar, hasta cuando fracasó la convención y la agitada vida del padre de la patria entró en dramática recta final, hasta su muerte dos años y medio después en Santa Marta.

Perú Delacroix, elaboró a manera de diario un manuscrito de 466 páginas, en las que no solo describió desde su óptica la percepción humana del hombre más grande que haya nacido en el hemisferio americano, sino que aprovechó las circunstancias secretas de su escrito, para desquitarse de sus adversarios políticos, y de quienes le despojaron de su grado y honores después de la muerte del Libertador, debido a que le demostró lealtad en grado sumo y además respaldó la dictadura de Rafael Urdaneta.

El destierro de Luis Perú Delacroix lo condujo a errar por New York y Caracas, donde entregó al Marqués del Toro, el manuscrito que hoy se denomina Diario de Bucaramanga, pero por circunstancias que no son claras, se perdieron 166 de los 466 folios. La primera edición de esta obra fue publicada en París en 1869 en la Imprenta de Walder, Calle Bonaparte, 44 con el título de Efemérides Colombianas sobre Venezuela, Colombia, Ecuador, con el subtítulo: Raciocinios del Libertador Simón Bolívar Sobre Religión-Política-Educación y Filosofía con su juicio imparcial sobre varios que le acompañaron en la empresa de libertar a Venezuela, Nueva Granada, Ecuador, Perú y Bolivia o Diario de Bucaramanga, Por Lacroix.

Esta edición tenía la dedicatoria: “Esta obra se dedica a los libera-les de todo el orbe y especialmente a los de España regenerada en 1868”. La edición fue hecha por Fernando Bolívar y está incompleta pues le faltan las anotaciones correspondientes al primer mes de la estadía; tampoco aparece el índice de la obra.

La segunda edición dirigida por Cornelio Hispano, fue publicada impresa en la Librería Paul Ollendorff, en 1912 en París, bajo el título Diario de Bucaramanga o Vida Pública y Privada del Libertador Simón Bolívar.

Desde entonces se han impreso diferentes ediciones con diversos comentarios acerca de las razones que tuvo Delacroix para dejar por escrito supuestos conceptos de Simón Bolívar relacionados con sus adversarios políticos, la idiosincrasia de sus contemporáneos en el momento más complejo de su estelar pero dificultosa existencia, y el destino geopolítico de la nación que construyó con su espada y la fuerza de las leyes.

Por razones obvias, El Diario de Bucaramanga y todo lo que con el paso del tiempo se escriba y publique en torno a la vida y obra del Libertador Simón Bolívar, con críticas y sin ellas, contribuirá a fortalecer la grandeza de un ser humano diferente a los demás, que nació, vivió y murió para crear, estructurar y defender la democracia, verbigracia esta agitada etapa de su vida.



Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

www.luisvillamarin.com


Año de 1828

Índice del contenido de la parte perdida del diario

(1º de abril a 1º de mayo de 1828)

1º de Abril

Mi llegada a Bucaramanga y mi primera visita al Libertador. Con-versación durante y después del almuerzo. Proyecto para mi diario. Comida. Mal humor del Libertador. Paseo. Baile. Cortesías de S. E. y alegría que manifiesta.

2 de abril.

Paseo y visita del Libertador. Habla S. E. del general Padilla. Con-versación sobre el general Santander. Arreglo del Ministerio. Los ministros: el señor Restrepo, el señor Tanco, el señor Vergara, el general en jefe Rafael Urdaneta.

3 de abril

Mudanza de casa. Convite del cura de Girón.

4 de abril

Pasión dominante del Libertador. Algunos de sus grandes hechos y de sus obras como militar, político, legislador y escritor. Sus intenciones y proyectos. Nos convida S. E. para un paseo al campo. Tristes, pero verdaderas ideas y observaciones del Libertador sobre Colombia y la Convención de Ocaña.

5 de abril

Amanece con buen humor el Libertador. Habla S. E. de la República de Bolivia. Compara sus habitantes con los del Perú. Paseo en una casa de campo. Algunas palabras de S. E. sobre el cura de la ciudad de Girón.

6 de abril

Recibimiento en Girón. Comidas y conversaciones en casa del cura. Baile.

7 de abril

Regreso de S. E. a Bucaramanga. Conversación sobre el cura Salgar. Otra sobre el cura Valenzuela.

8 de abril

Preguntas del Libertador sobre la opinión de un diputado a la Convención. Llegada de un edecán de S. E., el capitán Andrés Ibarra, con noticias de Ocaña y de Cartagena. Ideas de S. E. sobre la Convención. Miras de S. E. y temores sobre que no se logren.

9 de abril

Establecimiento de correos semanales. Temores sobre las empresas del general Padilla.

10 de abril

Mensaje relativo al Dr. Peña, diputado por Valencia. Otro mensa-je concerniente al general Padilla, y con respecto a los 26 diputados de la junta de la Convención que habían querido protegerlo.

11 de abril

Pasaporte pedido por el general Santander. Otras noticias contadas en la comida por el Libertador. Reflexiones sobre ellas. Paseo a caballo. Gusto y motivos del Libertador en la celeridad en sus marchas.

12 de abril

Casa de S. E. en Bucaramanga. Su modo de vivir. Su mesa. Modo en el despacho.

13 de abril

Noticias venidas de Ocaña con el comandante Wilson, edecán de S. E. Ideas de S. E. sobre la Convención y los partidos. Correspondencia particular del Libertador. Baile y observaciones que produce.

14 de abril

Vuelve para Cartagena el oficial venido en comisión. Privilegio en favor del cura de Girón. Salvoconductos. Impreso del cura de la villa de Bucaramanga. Baile, su motivo y observación del Libertador.

15 de abril

S. E. recibe la visita de los ingleses de las minas de Vetas y Baja.

Unas palabras del Libertador sobre su viaje para Cúcuta. Reconvención amigable del cura de Bucaramanga sobre un paseo solitario del Libertador. S. E. conviene de la racionalidad de las observaciones del Dr. Eloy Valenzuela.

16 de abril

El general Páez y el general Santander. El entreverado. Opinión del Libertador sobre la campaña de 1818 en Venezuela. Los generales Pedro Briceño Méndez, y Diego Ibarra.

17 de abril

Viaje a Pie de Cuesta. Suceso en la Florida con el Cura. Fiesta en Piedecuesta. Noticia sobre los habitantes y campos de aquella villa.

18 de abril

Paseo al campo. El cura y los alcaldes de la Florida

19 de abril

El Libertador regresa a su cuartel general. Su paso en el pueblo de la Florida. Su opinión sobre los vecinos de Piedecuesta. Sobre el cura de la Florida. El general Fortoul. S. E. hace suspender los refrescos de la noche en casa del cura de Bucaramanga.

20 de abril

El general Santander. El Dr. Soto. El Dr. Vicente Azuero.

21 de abril

Opinión del Libertador sobre los tránsfugas de un partido al otro. Un rayo. Milicianos de Girón. Libertad del pueblo. Opiniones de S. E. el Libertador sobre dicha libertad, etc.

22 de abril

Llegada del Coronel Ferguson, edecán de S. E. Noticias de Carta-gena y Ocaña. Orden relativa al general Padilla. Observaciones del Libertador sobre los señores Castillo, Juan de Francisco Martín, general Briceño Méndez, y coronel O’Leary, diputados puestos en paralelo con el Dr. Aranda.

23 de abril

Comisión al comandante. Navas. El general Padilla. Opinión del

Libertador sobre dicho general. Plan de su revolución.

24 de abril

Preguntas del Libertador en el almuerzo. El Dr. Muñoz. Relación del coronel Ferguson. Opinión de S. E. sobre el señor Joaquín Mosquera.

25 de abril

Reorganización de la milicia de Girón. La ternera y los consejos del cura Salgar.

26 de abril

Llegada del general Pedro Fortoul. Observaciones a que da lugar. Grados militares a individuos que no lo son.

27 de abril

Presencia militar del general Fortoul. Bochorno que le sucede. Opinión del Libertador sobre las actas populares. Proyecto de monarquía en Colombia. Como lo analiza el general Briceño Méndez. Opinión del Libertador sobre dicho proyecto.

28 de abril

Enfermedad del Libertador. S. E. refiere algunos sucesos de la primera República de Venezuela. Historia del oficial Biñona. Observaciones a que da lugar.

29 de abril.

El comandante Navas da cuenta de su comisión. Llega de Ocaña el comandante. Herrera. Noticias de la Convención. El Dr. Ignacio Márquez. El diputado Martín Tobar. Predice el Libertador lo que hará la Convención. Continúa la enfermedad de S.E.

30 de abril.

Sistema de medicina del Libertador. Historia de los médicos de S. E. El Libertador cita a Napoleón. Preguntas de S. E. sobre ideas religiosas. Observaciones irónicas de S. E. Proyecto para que la Convención llame al Libertador a Ocaña. Oposición de S. E. para el dicho proyecto.

1° de Mayo

Se piden bagajes para la marcha de S. E. Se despide el general Fortoul. Diálogo entre S. E. y el clérigo Ramírez. Lo que S. E. dice de dicho doctor. Nuevas observaciones sobre la convención. El 18 Brumario de Napoleón. ¿Por qué el Libertador no hace un golpe de estado como aquel?

2 de mayo

Hoy salió para Ocaña el comandante Herrera, despachado por el Libertador, y debe estar de vuelta el 11 ó el 12. Su Excelencia se lo ha en-cargado así, y ha dicho que cumplirá exactamente, si no lo detienen en Ocaña.

El Libertador desde ayer difundió la noticia de que su viaje sería Venezuela, y de que marchará con lentitud, deteniéndose algunos días en Cúcuta. También ha dado a entender S.E. que el motivo de su movimiento proviene de que ninguna esperanza le queda de que pueda salir algo bueno de la Convención, sino males, contra los cuales es ya tiempo de prepararse.

Esta mañana decía que la mayor parte de los diputados, que se dicen sus amigos, se han manejado con una prudencia parecida al más completo egoísmo, y que lejos de ser útiles eran más bien perjudiciales; que sólo unos pocos habían sostenido el choque del partido desorganizador, con dignidad y firmeza, pero que no habían sido sostenidos por lo demás.

Que los adversarios desplegaban una audacia excesiva, y se valían de todos los medios que la intriga puede imaginar, unida a la artería y a la perfidia.

S.E. estaba afectado y abatido.

"Mis amigos, decía el Libertador, han obrado con poco tino y con menos política. Vieron que había un partido santanderista y por eso han querido oponerle un partido bolivariano, sin calcular, o sin estar seguros de formarlo más numeroso que el otro; pensaron engrosarlo con los del partido neutral, en lugar de estar todos ellos en aquél, sin hablar de partido”

“Esta es la marcha que habrían debido seguir. No lo han hecho, o por un falso amor propio o por un mal cálculo, o porque la idea no les ha venido; pero los hombres que dicen conocer la política, que se dicen hombres de Estado, deben preverlo todo, deben saber obrar como tales, y probar con resultados que efectivamente lo son, tales como se creen”

“Mezclados con los neutrales, no habría habido entonces partidos en la convención, sino una fracción que se habría hecho despreciable y hubiera sido impotente. En fin, ya es tarde; no es tiempo ya; la falta está hecha, y el mal es irremediable. Lo que temo es, que aquella falta atraiga otra y otra como suele suceder".

“Pero, señor, me atreví a decir al Libertador ¿por qué V.E. no insinuó aquella alta y sabia idea a sus amigos? Porque no he querido, contestando con viveza y con fuego, influir en nada en los negocios de la Convención: sólo he deseado saber lo que pasaba en ella, sin dar consejos particulares: mi mensaje y nada más; de manera que el bien que salga de ella sea todo suyo, como igualmente el mal”

“Mis enemigos podrán decir que me he metido en algunas intrigas, pero nadie podrá probarlo, ni tampoco ningún documento público o privado; esta es una satisfacción para mí: al fin de mi vida pública, no quiero mancharla”

Estaba aún hablando con el Libertador cuando me anunciaron que un señor Molina quería yerme. Salí al corredor, y dicho señor me entregó dos cartas de mi suegro, el diputado Facundo Mutis, de fecha 15 y 28 del mes anterior, y Molina había salido el 29 de Ocaña.

Como me estaba recomendado, le envié a casa para que me aguardase allí; volví cerca del Libertador, y di a S.E. las cartas para que las abriese y las leyese; me las devolvió para que las abriese yo mismo.

La del 25 nada decía de nuevo; más la del 28 me informaba que aquel mismo día se había votado sobre la forma de gobierno y que la convención había decretado el sistema central, con una mayoría de las dos terceras partes de sus miembros, y que él (Mutis) había sido uno de los de dicha mayoría; La noticia causó mucho placer al Libertador, quien me dijo mandara a buscar al señor Molina para hablar con él.

Al llegar éste, SE. le preguntó si traía cartas para él a lo que contestó que no; le hizo en seguida varias preguntas sobre aquella resolución del 28 y sobre otros puntos, a que Molina no pudo satisfacer por estar poco impuesto de los negocios de la Convención de Ocaña.

El Libertador extrañó que sus amigos no le hubiesen enviado un posta para informarle de aquella noticia, bien importante.

Algunos de los señores de la casa del Libertador dieron un baile, al que S.E. no quiso concurrir, aunque estaba de muy buen humor. Como a las diez salí del baile, y fui a ver si el Libertador se había acostado. Le hallé en su hamaca, y me preguntó si el baile estaba bueno; contéstele que había muchas señoras y mucha alegría.

“Estaba persuadido de lo uno y de lo otro. En esta villa nadie falta al baile; y no estando yo allí, debe haber una alegría ruidosa. Vea usted: la noticia que le ha dado su suegro es exactamente tal como la había pensado, es decir, que en aquella cuestión los neutrales y los del señor Castillo se unirían contra los de Santander; pero que en las otras, los dos últimos se unirían contra el primero. Es no tener vista el no haberlo calculado así”.

Quería retirarme, pero me dijo S.E. que todavía no tenía sueño. Me contó que había sido muy aficionado al baile, pero que aquella pasión se había totalmente apagado en él; que siempre había preferido el vals; y que hasta locuras había hecho bailando de seguido horas enteras, cuando tenía una buena pareja.

Que en tiempo de sus campañas, cuando su cuartel general se hallaba en una ciudad, villa o pueblo, siempre se bailaba casi todas las noches y que su gusto era hacer un vals, ir a dictar algunas órdenes u oficios, y volver a bailar y a trabajar; que sus ideas entonces eran muy claras, muy fuertes, y su estilo muy elocuente; en fin, que el baile lo inspiraba y excitaba su imaginación.

"Hay hombres, me dijo, que necesitan estar solos y bien retirados de todo ruido para poder pensar y meditar; yo pensaba, reflexionaba y meditaba en medio de la sociedad, de los placeres, del ruido y de las balas. Sí, continuó, me hallaba solo en medio de mucha gente, porque me hallaba con mis ideas y sin distracción. Esto es lo mismo que dictar varias cartas a un mismo tiempo, y también he tenido esa originalidad".

“Dígame usted, continuó el Libertador, creo que Napoleón se quejaba mucho de no haber sido ayudado por los de su familia a quienes había colocado sobre varios tronos de Europa”

- Sí, señor, particularmente de su hermano Luis, rey de Holanda, y de Murat, rey de Nápoles – “Yo no he colocado, dijo, casi ningún pariente en los altos destinos de la República; pero vea usted cómo he sido ayudado también por los que los han desempeñado. Vea usted la conducta de Santander en Bogotá, durante mi ausencia; la de Páez en Venezuela; la de Bermúdez en Maturín; la de Arismendi en Caracas; la de Mariño entonces y en todos los tiempos; la de Padilla en Cartagena, y se convencer usted que todos ellos ocupando los primeros destinos de Colombia, han contrariado mi marcha, han impedido la organización del país, han sembrado la discordia, fomentado partidos, perdido la moral pública e insubordinado el ejército.

Ellos, pues, con grados de diferencia, son los únicos autores de los males de la patria, de la disolución de que esta la república y de la desastrosa anarquía que se está preparando. Si por lo contrario, todos ellos, y los movidos por sus influencias, hubieran caminado en unión conmigo, de acuerdo y de buena fe, la república, su gobierno y sus instituciones, estarían sentados sobre una roca, y, nada podría, no digo derribarlos ni siquiera hacerlos bambolear.

Los pueblos serían ubres y felices, porque con la tranquilidad interior y la confianza, todo habría progresado, hasta la ilustración, y con ella el liberalismo y la verdadera libertad. Napoleón, pues, mi amigo, no es el solo que haya tenido que quejarse de aquellos a quienes había dado su confianza. Yo, así como él, no he podido hacerlo todo solo, lo que organizaba lo desbarataban otros; lo que componía, otros volvían a descomponerlo.

Si acaso pensaba en hacer un cambio, al momento se me presentaba la certidumbre de que el remedio sería peor que el mal. Tal ha sido y es mi situación.

No se me acusará de haber elevado y puesto en altos destinos del Estado a individuos de mi familia, al contrario, se me puede reprochar el haber sido injusto para con algunos de ellos, que seguían la carrera militar.

Por ejemplo, mi primer edecán, Diego Ibarra, que me acompaña desde el año de 1813, ¡cuantos años ha quedado de capitán, de teniente coronel y de coronel! Si no hubiera sido mi pariente, estuviera ahora de general en jefe como otros que quizás han hecho menos que él; hubiera entonces premiado sus largos servicios, su valor, su constancia a toda prueba, su fidelidad y patriotismo, su consagración tan decidida, y hasta la estrecha amistad y la alta estimación que siempre he tenido por él:

Pero era mi pariente, mi amigo, estaba a mi lado, y estas circunstancias son causa de que no tenga uno de los primeros empleos en el ejército. Mi sobrino, Anacleto Clemente, se ha quedado en el grado de teniente coronel.

Mas ya es tarde y tiempo de ir a dormir a menos que prefiera usted volver al baile.

“No, señor, iré a dormir”, contesté; y pensando en todo lo que me había dicho dejé a S.E. y llegado a mi casa lo anoté como acabo de referirlo.

3 de junio

Esta mañana, temprano, todos los de la casa del Libertador hemos recibido un nuevo impreso político del doctor Valenzuela, igual a los anteriores, es decir, poco importante. En el almuerzo S.E. hablando sobre él dijo: ¡Pobre político que tiene la debilidad de creerse un segundo Abate de Pradt, capricho que nadie le quitará al cura de Bucaramanga, y el de suponerse en política y en materias de Estado tan sabio como el arzobispo de Manilas”.

-Señor, le dije al Libertador, Napoleón llamó a de Pradt radoteur y, sin embargo, lo reputaba por buen negociador, como hombre de un gran talento, de extensas luces y buen historiador y crítico.

- “Entonces, dijo el Libertador, tenía razón. Aunque se ha equivocado en algunas de sus predicciones, será siempre un sabio, un gran escritor”.

Concluyó el almuerzo, el Libertador quedó solo, y todos se fueron a sus ocupaciones. En la comida no hubo nada notable.

4 de mayo

A las siete de la mañana llegó un extraordinario de Ocaña; salió de dicha ciudad el 29 del próximo pasado por la tarde, traía multitud de car-tas para el Libertador, y, con ellas, la noticia comunicada por mi suegro, y recibida el día 2. S.E. me leyó la del señor Castillo que, con énfasis, dice:

Que el ejército de la unidad e integridad nacional ha ganado una gran victoria sobre el ejército contrario; que la fuerza moral de este último se ha debilitado mucho; y concluye aconsejando a SE. no moverse todavía de Bucaramanga.

“El señor Castillo, dijo el Libertador, está en las suyas; no se cuándo se desengañará y querrá ver las cosas como son, y no como se las está imaginando. Seguramente que me quedaré todavía aquí; pero no porque me lo dice, sino porque me conviene hacerlo hasta el regreso del comandante Herrera”.

Las demás cartas decían, poco más o menos, lo que la del señor Castillo, y todas hablaban del triunfo de la votación en la cuestión de gobierno central que había decretado la Convención, desechando el sistema federal.

Después del almuerzo, el Libertador dijo al general Soublette que diese orden para suspender de su destino de presidente de la Corte Superior de Cartagena al doctor Rodríguez, y para que se le haga seguir para la capital de Bogotá a dar cuenta de su conducta; estando acusado dicho magistrado de haber aprobado los hechos criminales del general Padilla, y de haber entorpecido la acción del comandante general del Magdalena, respecto a la expulsión del país de varias personas calificadas de desafectas y otras peligrosas complicadas en el movimiento del expresado general Padilla.

Esta medida ha sido solicitada por el general Montilla, que ha enviado a SE. los documentos que justificaban la acusación. “Vean ustedes, dijo S.E., lo que son las revoluciones, y cómo las circunstancias cambian los hombres.”

“Aquel señor Rodríguez, es uno de los mejores y m distinguidos abogados de Colombia; tiene muchas luces, pero también un genio inquieto, enredador e interesado; su talento y su propensión a la intriga, lo ha sido muy enemigo de Santander y muy amigo de Montilla, y ahora es al contrario: yo lo he considerado como a un hombre que debía ser alejado de los empleos, y a quien debía tratarse de disminuirle la influencia”

“Siempre ha sido esta mi opinión, y si se hubiera seguido no tendríamos hoy el escándalo de mandarlo suspender de sus funciones de presidente de una corte superior".

Siguió S.E. citando varios ejemplos de igual naturaleza, diciendo que “el arte de la política es el de precaver, y que éste consiste en saber juzgar bien a los hombres y a las cosas; en el conocimiento profundo del corazón, y de los móviles o principales motivos de sus acciones; que él muy raras veces se había equivocado en sus conceptos o juicios, pero que no había podido seguir siempre sus ideas, algunas veces por falta de sujetos más propios y más competentes para los destinos, otras, porque las circunstancias del momento no permitían la elección o el cambio, y otras, en fin, porque las recomendaciones, las fuertes instancias le quitaban toda libertad y le obligaban a colocar a los que no podían merecer su confianza, pues el no haberlo hecho, era más peligroso que dar el empleo a aquél por quien se interesaban tanto sujetos de alto influjo”.

Concluyó diciendo SE.:

“Con los elementos morales que hay en el país, con nuestra educación, nuestros vicios y nuestras costumbres, sólo siendo un tirano, un déspota, podría gobernarse bien a Colombia.

“Yo no lo soy, y nunca lo seré, aunque mis enemigos me gratifican con aquellos títulos; más mi vida pública no ofrece ningún hecho que los compruebe. El escritor imparcial que escriba mi historia, o la de Colombia, dirá que he sido dictador, jefe supremo nombrado por los pueblos, pero no un tirano ni un déspota".

Después de la comida, el Libertador salió a caballo, con todos nosotros; nos llevó como siempre a todo el paso de su caballo, que es muy andador, lo que nos obliga a todos a seguirlo a galope; parece que S.E. quería sacudirse y sacudimos; poco se habló.

Después fuimos un momento a la casa del cura, y S.E. se retiró temprano, diciéndonos que mañana o pasado mañana iríamos a pasar el día en el campo; pero que nos avisaría, porque iríamos todos juntos. Preguntó al general Soublette si había mucho que despachar en su secretaría, y éste le contestó que no quedaba nada urgente.

5 de mayo

Los correos ordinarios de Bogotá y del Sur, llegaron esta mañana. Con el primero vino el parte que una compañía del batallón Vargas, estacionada en Honda, se había amotinado contra su capitán, llamado Lozada. S.E. dio orden para que se hiciese regresar dicha compañía a Bogotá, donde se halla su cuerpo, y que allí se abriese el juicio a los complicados en el motín y sufriesen, cualquiera que fuese el número de ellos, la sentencia del consejo de guerra.

El correo del sur trajo cartas del general Flores para el Libertador. Este general, encargado del mando del ejército del Sur, ha dirigido a S.E. copia de una carta que con el mismo correo envía, dice, a su compadre el general Santander, en Ocaña.

Su análisis es éste: Habla del bien y del mal que puede salir de la Convención; de la desconfianza que los pueblos y las tropas tienen de ella y del odio general que existe contra muchos de sus miembros, y concluye diciendo: que él y el ejército de su mando, están prontos para marchar a Bogotá, y más allá si fuere necesario para degollar a todos los enemigos del Libertador, del centralismo y de la unidad nacional, y que empezará por él (Santander) si, como se dice, es el jefe del partido demagógico.

“Dicen ustedes de la elocuencia de Flores?- preguntó el Libertador.

- Que es capaz de hacerlo, contestó el coronel Ferguson.

- De hacerlo sí, replicó S.E. pero no de haberlo escrito. Yo conozco a Flores: en astucia, sutilezas de guerra y de política, en el arte de la intriga y en ambición, pocos lo aventajan en Colombia. Tiene un gran talento natural, que está desarrollando él mismo por medio del estudio y de la reflexión; sólo ha faltado a Flores el nacimiento y la educación.

A todo esto une un gran valor, y el modo de hacerse querer, es gene-roso y sabe gastar a tiempo; pero su ambición sobresale sobre todas sus cualidades y defectos, y es el móvil de todas sus acciones.

Flores, si no me engaño, está llamado a hacer un papel considerable en este país. En resumen de todo lo dicho, no creo que haya escrito a Santander la carta que dice.

“Me ha dirigido esta copia, creyendo halagarme. Sin embargo, el general Flores es uno de los generales de la república en quien tengo una verdadera confianza, y lo creo mi amigo".

Dijo después el Libertador que lo que había de cierto era que el coronel cordero era el jefe nombrado por el ejército del Sur para presentar a la Convención las actas de aquellas tropas, y obrar en Ocaña según las circunstancias en nombre de dicho ejército.

Pon el correo ordinario llegado hoy también de Ocaña, se han recibido todas las actas de Venezuela, que el presidente de la Convención remite a SE. con el fin de que como encargado de la tranquilidad de la república y disciplina de las tropas, dicte las providencias del caso.

Dicha remisión ocupa bastante el espíritu de S.E. y no se sabe aún la resolución que tomará; hasta ahora no lo ha manifestado, y se ha limitado a oír lo que le han dicho el general Soublette y demás que están su lado. El negocio es delicado; la convención se ha negado a oír los reclamos de los pueblos y del ejército, y por el contrario reclama del jefe del poder ejecutivo medidas de represión contra los fírmatorios de dichos documentos.

Por la tarde, el Libertador nos dijo que mañana iríamos al campo para refrescar un poco la cabeza y ver de buscar ideas más serenas y más sensatas. Se veía en su semblante la agitación de su espíritu y el trabajo de la imaginación. Al separarse de nosotros para retirarse a su cuarto, nos dijo:

“Quisiera saber si el señor Castillo tornará también por una victoria de su ejército la devolución de las actas de Venezuela”.

6 de mayo

La casa de campo a donde hemos acompañado a S.E. esta mañana, dista dos leguas de esta villa: en ella almorzamos y comimos. Sólo el general Soublette no fue al paseo por hallarse un poco indispuesto. Durante el día fuimos a cazar y S.E. se apartó de nosotros, quedando bastante distante y solo, m de hora y media; pero siempre nos mantuvimos a su vista, aunque él trataba de ocultarse de nosotros.

Habiéndose vuelto a juntar, nos dijo: “Mucho me están ustedes cuidando, lo mismo que si tuvieran sospechas de algún complot contra mi persona. Díganme francamente, ¿les han escrito algo de Ocaña?" Viendo que nadie contestaba, el coronel Ferguson sacó una carta de O'Leary y la presentó a S.E., quien, después de haberla leído, dijo: "seguramente que todos ustedes tenían conocimiento de esta carta?”

El mismo coronel Ferguson que la había mostrado a todos, contestó que sí, pero que todos guardaban secreto sobre su contenido. “Siendo así, continuó el Libertador, lean ustedes la que Briceño me ha dirigido: yo no quería mostrarla a nadie, ni hablar de ella; pero puesto que ustedes están instruidos del mismo negocio, impónganse de todos los pormenores que O'Leary no ha dado en la suya”.

Leímos la carta del general Pedro Briceño Méndez, que en sustancia decía. Que un asistente de Santander había oído a éste hablar con Vargas Tejada, Azuero y Soto, del Libertador, lo que llamó su atención, y oyó muy distintamente que trataban de enviar a Bucaramanga a un oficial para asesinarlo; que el asistente, cuando oyó aquel infernal proyecto, estaba componiendo la cama de Santander, como a las nueve de la noche; que horrorizado con la premeditación de un crimen que debía quitar la vida al Libertador, a quien siempre había querido, fue al día siguiente a contar lo que había oído a una señora que sabía ser amiga del general Bolívar, lo que le ha comunicado una de las criadas de dicha señora con quien tenía relaciones.


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